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No amemos de palabra sino con obras

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua

Francisco

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1294. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 1 oct.

Como santa Teresita del Niño Jesús, aprendamos de la humildad de Dios, que se hizo pequeño por nosotros.

1295. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 2 oct.

El ángel custodio es un amigo que no vemos, pero que podemos escuchar. Nos acompaña en el camino de la tierra al Cielo.

1296. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 3 oct.

Solo en el silencio de la oración se puede aprender a escuchar la voz de Dios.

1297. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 4 oct.

Como San Francisco de Asís, dejémonos transformar por el amor de Cristo para vivir con pobreza y alegría.

1298. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 5 oct.

La misión de la escuela y de los maestros es desarrollar en los alumnos el sentido de la verdad, del bien y de la belleza.

1299. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 6 oct.

Hagamos que Internet sea un lugar rico de humanidad y seguro para los menores, una red que no aprisiona sino que ayuda a crecer.

1300. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 7 oct.

El Rosario es una síntesis de los misterios de Cristo: los contemplamos junto a María, que nos dona su mirada de fe y de amor.

1301. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 8 oct.

Si la amargura te asalta, cree en todas las personas que aún trabajan para el bien: en su humildad se esconde la semilla de un mundo nuevo.

1302. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 9 oct.

La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea sin descanso que exige el compromiso de todos.

1303. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 10 oct.

¡Dios no desilusiona! Ha puesto una esperanza en nuestros corazones para hacerla germinar y dar fruto.

1304. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 11 oct.

Como san Juan XXIII, a quien recordamos hoy, demos testimonio a la Iglesia y al mundo de la bondad y la misericordia de Dios.

1305. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 12 oct.

La Virgen de Aparecida fue encontrada por pobres trabajadores. Que hoy bendiga a todos, especialmente a quienes buscan trabajo.

1306. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 13 oct.

En el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, agradecemos a Dios las innumerables bendiciones concedidas por su mediación.

1307. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 14 oct.

Estamos llamados a defender y custodiar la vida humana, especialmente en el seno materno, en la infancia, la vejez y la discapacidad.

1308. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 15 oct.

Como los santos, mostremos la alegría y la belleza del Evangelio con el testimonio de nuestra vida.

1309. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 16 oct.

Hemos de responder al imperativo de que el acceso al alimento necesario es un derecho de todos, ¡un derecho que no admite exclusiones!

1310. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 16 oct.

Para compartir es necesaria la conversión, y esto requiere esfuerzo. #ZeroHunger

1311. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 17 oct.

La familia humana tiene el deber de ayudar a toda persona a liberarse de la pobreza y del hambre.

1312. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 18 oct.

Que los artistas puedan ilustrar la belleza de la fe y proclamar la grandeza de la creación de Dios y su amor sin límites por todos.

1313. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 19 oct.

Déjate guiar por la ternura divina, para que puedas cambiar el mundo mediante tu fe.

1314. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 20 oct.

Llevemos la llama del amor de Cristo a la humanidad, que tiene mucha necesidad de felicidad verdadera y de paz.

1315. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 21 oct.

La Iglesia está viva de verdad si es materna, misionera y sale al encuentro del prójimo.

1316. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 22 oct.

En esta jornada, recordemos que la Iglesia es misionera por naturaleza: la misión está en el corazón de la fe cristiana. #Missio #Domund

1317. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 22 oct.

Hoy, memoria de San Juan Pablo II, recordamos sus palabras: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo!”

1318. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 23 oct.

Jesús nos ha entregado una luz que brilla en las tinieblas: defiéndela, protégela. Es la riqueza más grande confiada a tu vida.

1319. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 24 oct.

Trabajemos todos juntos para promover la paz entre los pueblos y garantizar el respeto de los derechos humanos.

1320. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 25 oct.

Sean testigos valientes de Cristo en el ambiente concreto en el que viven y trabajan.

1321. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 26 oct.

“Cultura del encuentro” significa saber que, más allá de nuestras diferencias, somos todos hijos de Dios.

1322. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 27 oct.

Dios nos ama con un amor tan rico de misericordia como para acogernos, custodiarnos y perdonarnos continuamente.

1323. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 28 oct.

Lleva en tu corazón los sufrimientos de cada ser humano, y en la oración llévalos todos a Dios.

1324. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 29 oct.

Les invito a tener la mirada fija en el Señor Jesucristo, para aprender de Él a amar con todo el corazón.

1325. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 30 oct.

Aprende de la maravilla, cultiva el asombro. Vive, ama, cree. Y, con la gracia de Dios, no desesperes nunca.

1326. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 31 oct.

Que la Virgen María nos ayude a dar el primer paso cada día para construir la paz en el amor, la justicia y la verdad.

Los escudos de los Obispos Venezolanos según una antigua tradición es de contorno español, con sus cordeles salientes de ambos flancos y borlas que recubren el escudo y el signo de Cristo que encabeza todas las formas como Alfa y Omega, principio y fin, todo fue creado por Él y para Él. El color del Capello, los cordeles y las borlas es verde, simbolizando la gran esperanza al inicio de una misión mandada por la Iglesia, a través del Papa Francisco, y se trata de una misión evangelizadora que en el Obispo lleva la Tria Munera: Santificar, Enseñar y Regir al pueblo de Dios…

El interior del Escudo posee tres cuadrantes, dos superiores y uno inferior de mayor proporción. En el cuadrante superior izquierdo aparece de manera activa y eficaz, la Palabra de Dios revelada; en ella se encuentra el mandato del Señor: “Ámense los unos a los otros”. Todos estamos llamados a vivir este amor centrado en el amor al prójimo (cf 1Jn 2,11-17; Jn 13,34; 15, 18-21), en el reconocimiento de su dignidad persona y su ser hijo e hija de Dios, y es ese amor el que nos hace discípulos de Jesucristo y resume todo nuestro actuar humano (cf Rm 13,6-10).

La Palabra revelada “es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4,12). La Palabra es esencial en la acción pastoral del Obispo; primero la vive para luego testimoniarla y predicarla, de esta manera el pueblo de Dios se nutre de ella en un encuentro vivo con Jesucristo. Todos los Obispos tienen el mandato Evangélico de llevar la Buena Nueva a todos y a todas, y en cualquier circunstancia; este mandato fue renovado por el Concilio Plenario de Venezuela al dictar la norma de “llevar la Biblia al pueblo”. Esta será una de las principales acciones que el nuevo Obispo realizará en el marco de una Nueva Evangelización.

Ambos cuadrantes superiores tienen de fondo el color azul cielo. Este color suele asociarse con la estabilidad y la profundidad, también representa la lealtad, la confianza, la sabiduría, la inteligencia, la fe, la verdad y el cielo eterno. Al fondo en el centro se encuentra un destello blanco que representa la luz, la bondad, la inocencia, la pureza y la esperanza, todos atributos de Dios muy necesarios hoy día ante la realidad del país.

Escudo Episcopal Mons. José Luis Azuaje Ayala

Escudo Episcopal Mons. José Luis Azuaje Ayala

El cuadrante inferior es mayor porque quiere significar la situación geográfica de la Diócesis, con el pié de monte andino, con sus campos expresados en grandes fincas de ganado y de productos agrícolas, donde se enclavan distintas comunidades. Es una extensión sumamente grande con infinitas riquezas humanas, naturales e institucionales. Todo este territorio fue desprendido de las Arquidiócesis de Mérida y Calabozo, cuando se erigió como Diócesis el 23 de Julio de 1965.

La montaña no escapa a una significación bíblica. En el Antiguo Testamento Yahveh es el “Dios de las montañas” (1Re 20, 23.28), porque es el lugar sagrado donde sucede la Revelación Divina, donde se encuentran lo humano y lo divino, donde Moisés fue llamado (Ex 3,15) para hacer un pacto, una alianza cuyo contenido está expresado en la Ley (Ex 24, 12.18) y donde la Gloria de Dios se manifiesta (Ex 24,16). También en el Nuevo Testamento la montaña ha sido lugar de intensos encuentros de Jesús con la multitud (Mt. 5,1), para la curación y la asistencia humanitaria (Mt 15,29), pero también para retirarse a orar en el silencio (Mt 14,23) o manifestar su gloria (Mt 17,1). El sitio que Jesús elegía para orar habitualmente era un sitio un poco aislado, un monte o la montaña, etc (cf. Mc 1,35; 6,46; Lc 4,42; 5,16; 6,12; 9,18). Estos lugares se convierten en símbolo de otro lugar: El nuevo lugar de Oración es Jesús mismo, siendo Él el único acceso a Dios, el “camino”, la “puerta”.

Aparece también en el cuadrante el río con sus aguas limpias signo del bautismo, de purificación hacia la santidad. Todo el territorio de la Diócesis es arropado por diversos ríos que nutren el campo y dan vida a todos los moradores de las comunidades. El río también es signo de alegría y con su sonido contagia a tantos músicos y copleros que llenan el llano expresando la vida, aventuras y desventuras, con el arpa, cuatro y maracas. En medio de la llanura está el buen pastor cuidando y nutriendo a sus ovejas. Sabemos que Jesús es el Buen Pastor y que el Obispo debe imitarlo con su palabra y obrar cotidiano, principalmente en su atención a los más pobres y abandonados. Él mantiene unido al redil y va en busca de la descarriada, pero ésta solo lo sigue si él “huele a oveja”. El Obispo también es el buen pastor que da la vida por el pueblo a él encomendado.

Hay una intención certera al colmar la mitad del escudo con un paisaje natural. Hoy día, ante la depredación de la naturaleza por distintos motivos e instancias, es urgente un trabajo decidido por la preservación del medio ambiente. La Iglesia propicia una seria reflexión y acción entorno a la ecología humana y ambiental, porque de ello depende la vida: de nuestros ríos limpios, de la tierra fértil, del aire fresco. Dios creó la naturaleza para que viviéramos y la sintiéramos también viva, por lo que el ministerio episcopal es portador de esta tarea.

Todos los cuadrantes están unidos por el fuego del Espíritu Santo, a través de sus siete dones. Todos sabemos que el Sacramento de la Confirmación, donde se dan los dones del Espíritu Santo a los confirmandos, es propio del Ministerio Episcopal; por tanto, es el Espíritu Divino el que mantiene viva a la Iglesia y el que genera la comunión, la conversión y la vivencia de la fe. El Obispo debe ser el primer testigo de esta fuerza transformadora de la tercera Persona de la Santísima Trinidad. La representación del Espíritu Santo en forma de paloma es bíblica: “En cuanto salió del agua vio abrirse los cielos y al Espíritu que bajaba sobre Él como una paloma” (Mc 1,10). La paloma en las Sagradas Escrituras es signo de libertad, vida nueva y paz (Gn 8,8), de ofrenda a los pobres (Lv 12,8). Sus arrullos evocan amor y sus gemidos, la intercesión del Espíritu de Dios que habita en nosotros.

El Lema episcopal escogido por el Obispo hace referencia al capítulo 21 del Evangelio de Juan en su versículo 17: “Para que todos sean uno”. Es una propuesta desafiante ante la realidad que se vive en el país y en todas las comunidades. Hoy existe mucha división en todos los sentidos: familia, comunidades, instituciones, etc. Es necesario volver a la concordia y la unidad. No se trata de unificación o de uniformar, sino de lo que se trata es que todos tomemos conciencia de la dignidad de la otra persona y vivamos el respeto mutuo creando un ambiente propicio para la comunión y la paz. El fundamento de esta unidad está en Jesucristo en su relación con el Padre y la fuerza que brota del Espíritu Santo. Toca a todo el pueblo de Dios animar esta comunión a través de la reconciliación y la paz.

 

1258. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 1 sept.

Señor, enséñanos a contemplarte en la belleza de la Creación y despierta nuestra gratitud y nuestro sentido de responsabilidad.

1259. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 2 sept.

Jesús está siempre allí, con el corazón abierto: se reconoce en la misericordia que está en el corazón, perdona, abraza y entiende.

1260. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 3 sept.

Es más importante darnos cuenta de cuánto somos amados por Dios, que saber cuánto lo amamos.

1261. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 4 sept.

Jesús está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy sufren como Él.

1262. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 5 sept.

Así como Madre Teresa, abramos horizontes de alegría y de esperanzas para tanta humanidad desconfiada y necesitada de comprensión y ternura.

1263. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 5 sept.

Queridos amigos, por favor rueguen por mí y por toda Colombia donde iré de viaje en búsqueda de la reconciliación y la paz en ese país.

1264. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 7 sept.

Los animo a afianzarse en el Señor: es el único que nos sostiene y alienta para poder contribuir a la reconciliación y a la paz.

1265. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 7 sept.

Queridos jóvenes, no teman el futuro ¡Atrévanse a soñar a lo grande! Mantengan viva la alegría, signo del corazón que encontró al Señor.

1266. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 8 sept.

La reconciliación se consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer la esperanza.

1267. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 8 sept.

La verdad es compañera inseparable de la justicia y de la misericordia.

1268. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 9 sept.

Hoy son muchos los que tienen hambre de Dios, hambre de dignidad. Y, como cristianos, hemos de ayudarles a que se sacien de Dios.

1269. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 9 sept.

Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios.

1270. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 10 sept.

La caridad ayuda a comprender la verdad y la verdad reclama gestos de caridad.

1271. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 10 sept.

«Dar el primer paso» es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor.

1272. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 11 sept.

Queridos hermanos colombianos, muchas gracias. He conocido a tantas personas que me han tocado el corazón. Ustedes me han hecho mucho bien.

1273. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 12 sept.

Animo a los líderes del mundo a que dejen de lado los intereses sectoriales para buscar juntos el bien común de la humanidad.

1274. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 13 sept.

La guerra es la negación de todos los derechos. Oremos por quienes tienen la responsabilidad de evitar la guerra entre los pueblos.

1275. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 14 sept.

En la cruz renace siempre nuestra esperanza. Es una esperanza diferente de las del mundo, porque nace del amor de Jesús.

1276. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 15 sept.

El Señor no nos dejó huérfanos: tenemos una Madre, la misma de Jesús. María nos cuida y nos defiende siempre.

1277. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 16 sept.

Necesitamos una acción global para afrontar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países pobres.

1278. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 17 sept.

Cuánto más Jesús ocupa el centro de nuestra vida, más nos hace salir de nosotros mismos para acercarnos a los hermanos.

1279. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 18 sept.

Tengamos el valor de purificar nuestro corazón quitando las piedras y las espinas que sofocan la Palabra de Dios.

1280. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 19 sept.

Trabajemos todos para encontrar soluciones para los pobres, los refugiados, las víctimas de las esclavitudes modernas y para promover la paz.

1281. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 20 sept.

La esperanza es la virtud de un corazón que no se encierra en la oscuridad, no se detiene ante el pasado, sino que sabe mirar al futuro.

1282. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 21 sept.

Dirijo un llamamiento en favor de la paz y del desarme: en este mundo herido por la violencia, necesitamos de la hermandad entre pueblos.

1283. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 22 sept.

El Evangelio invita antes que nada a responder a Dios que nos ama y que nos salva, reconociéndolo en el prójimo.

1284. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 23 sept.

Si somos fieles a Cristo y obramos el bien podemos difundir la luz de la esperanza de Dios.

1285. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 24 sept.

¡La alegría se multiplica compartiéndola!

1286. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 25 sept.

La caridad es más verdadera e incisiva si se vive en la comunión.

1287. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 26 sept.

Trabajemos por un mundo sin armas nucleares, aplicando el Tratado de no proliferación para abolir estos instrumentos de muerte.

1288. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 27 sept.

Compartamos sin miedo el camino de los migrantes y los refugiados. #ShareJourney

1289. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 27 sept.

#ShareJourney

1290. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 28 sept.

Encontrar a Jesús puede cambiar decisivamente nuestra vida, llenándola de significado.

1291. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 29 sept.

Hoy es la Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Pidámosles que en todo momento nos recuerden la presencia de Dios.

1292. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 29 sept.

Este es el tema de la Jornada de las Comunicaciones Sociales 2018: “La verdad os hará libres” (Jn 8,32). Noticias falsas y periodismo de paz.

1293. Papa Francisco‏ @Pontifex_es 30 sept.

En nuestro tiempo hay mucha necesidad de rezar —cristianos, judíos y musulmanes— por la paz.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas para el noveno día

En el año del Señor de 1226, el día 3 de octubre, domingo, cuando caía la noche, nuestro bienaventurado Padre san Francisco, habiendo imitado la vida y trabajos de los apóstoles, libre de ataduras del cuerpo, coronando con el mejor fin sus promisorios principios, voló, para su dicha, a la mansión delos eternos goces, en la ciudad de Asís, en Santa María de los Ángeles de la Porciúncula, lugar en que había nacido la Orden de Hermanos Menores.

Reflexión

Hace ya casi 800 años en la Porciúncula, Francisco poco antes de morir, se dirigió a los hermanos que le rodeaban, como a representantes de toda la Orden, presentes y futuros. Entonces los fue bendiciendo a todos, apoyando su mano derecha sobre la cabeza de cada uno de ellos. Bendijo también a todos los que entonces pertenecían a la Orden, y a los que pertenecerían a ella hasta el fin de los tiempos (LP117). Todos nosotros, hermanos y hermanas, ahora celebramos no sólo la muerte sino, sobre todo, el nacimiento, de Francisco a la Vida. Nos sentimos solidarios en esa bendición de nuestro Padre, y nos comprometemos a vivir en unidad y fidelidad al Evangelio en nuestros días.

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos.

¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas para el octavo día (Leyenda Mayor de San Buenaventura (capítulo 9,8))

Acompañado, pues, de un hermano llamado Iluminado -hombre realmente iluminado y virtuoso-, se puso en camino, y de pronto le salieron al encuentro dos ovejitas, a cuya vista, muy alborozado, dijo el Santo al compañero: «Confía, hermano, en el Señor, porque se cumple en nosotros el dicho evangélico: He aquí que os envío como ovejas en medio de lobos» (Mt 10,16). Y, avanzando un poco más, se encontraron con los guardias sarracenos, que se precipitaron sobre ellos como lobos sobre ovejas y trataron con crueldad y desprecio a los siervos de Dios salvajemente capturados, profiriendo injurias contra ellos, afligiéndoles con azotes y atándolos con cadenas. Finalmente, después de haber sido maltratados y atormentados de mil formas, disponiéndolo así la divina Providencia, los llevaron a la presencia del sultán, según lo deseaba el varón de Dios. Entonces el jefe les preguntó quién los había enviado, cuál era su objetivo, con qué credenciales venían y cómo habían podido llegar hasta allí; y el siervo de Cristo Francisco le respondió con intrepidez que había sido enviado no por hombre alguno, sino por el mismo Dios altísimo, para mostrar a él y a su pueblo el camino de la salvación y anunciarles el Evangelio de la verdad. Y predicó ante dicho sultán sobre Dios trino y uno y sobre Jesucristo salvador de todos los hombres con tan gran convicción, con tanta fortaleza de ánimo y con tal fervor de espíritu, que claramente se veía cumplirse en él aquello del Evangelio: Yo os daré palabras y sabiduría, a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro (Lc 21,15). De hecho, observando el sultán el admirable fervor y virtud del hombre de Dios, lo escuchó con gusto y le invitó insistentemente a permanecer consigo. Pero el siervo de Cristo, inspirado de lo alto, le respondió: «Si os resolvéis a convertiros a Cristo tú y tu pueblo, muy gustoso permaneceré por su amor en vuestra compañía. Mas, si dudas en abandonar la ley de Mahoma a cambio de la fe de Cristo, manda encender una gran hoguera, y yo entraré en ella junto con tus sacerdotes, para que así conozcas cuál de las dos creencias ha de ser tenida, sin duda, como más segura y santa». Respondió el sultán: «No creo que entre mis sacerdotes haya alguno que por defender su fe quiera exponerse a la prueba del fuego, ni que esté dispuesto a sufrir cualquier otro tormento». Había observado, en efecto, que uno de sus sacerdotes, hombre íntegro y avanzado en edad, tan pronto como oyó hablar del asunto, desapareció de su presencia. Entonces, el Santo le hizo esta proposición: «Si en tu nombre y en el de tu pueblo me quieres prometer que os convertiréis al culto de Cristo si salgo ileso del fuego, entraré yo solo a la hoguera. Si el fuego me consume, impútese a mis pecados; pero, si me protege el poder divino, reconoceréis a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, verdadero Dios y Señor, salvador de todos los hombres». El sultán respondió que no se atrevía a aceptar dicha opción, porque temía una sublevación del pueblo. Con todo, le ofreció muchos y valiosos regalos, que el varón de Dios -ávido no de los tesoros terrenos, sino de la salvación de las almas- rechazó cual si fueran lodo. Viendo el sultán en este santo varón un despreciador tan perfecto de los bienes de la tierra, se admiró mucho de ello y se sintió atraído hacia él con mayor devoción y afecto. Y, aunque no quiso, o quizás no se atrevió a convertirse a la fe cristiana, sin embargo, rogó devotamente al siervo de Cristo que se dignara aceptar aquellos presentes y distribuirlos -por su salvación- entre cristianos pobres o iglesias. Pero Francisco, que rehuía todo peso de dinero y percatándose, por otra parte, que el sultán no se fundaba en una verdadera piedad, rehusó en absoluto condescender con su deseo.

Reflexión

Francisco llevó consigo al hermano Iluminado de Rieti, su compañero desde 1210. Al principio, tomados probablemente como espías, son golpeados pero pronto los soldados dudan. De acuerdo con sus deseos, los dos frailes son llevados a la presencia del sultán Melek-el-kamel, el sultán interroga a Francisco: “El servidor de Cristo responde que había sido enviado desde más allá de los mares, no por hombre alguno, sino por el mismo Dios Altísimo” (LM 9,8). Se separa así de los cruzados y su violencia. Desearíamos saber más detalles de la conversación pero no tenemos muchos elementos. Sin embargo, sabemos lo esencial, Francisco se declara cristiano y es escuchado por el sultán. Luego de muchos días Francisco constata aspectos positivos en los llamados “infieles”. Se da cuenta de la profunda religiosidad del Islam, ya que cinco veces al día Francisco e Iluminado escuchan al muecín lanzar la llamada a la oración. Francisco descubre que estos hombres no solamente son sus hermanos como criaturas, no son solamente sus hermanos a causa de la sangre derramada por Jesús por todos. Todo esto él lo sabía, pero descubre que los llamados infieles son sus hermanos por esta comunión en la oración al único Dios. Dos semanas después de encontrarse con el sultán se acaba la tregua y es el momento de la partida. El sultán, admirado por la sabiduría de este “monje”, trata de retenerlo con tesoros y regalos. Pero Francisco es pobre y solo desea la conversión del sultán. Llega la hora del adiós; tanto Francisco como el sultán saben que no volverán a verse. Por ello Melek-el -Kamel se encomienda a las oraciones de un no musulmán. Con Iluminado, Francisco emprende la marcha acompañado por una escolta de príncipes, es el último gesto del sultán hacia Francisco. Francisco y el sultán en medio de la guerra, tuvieron un encuentro en Paz, gracias a la hospitalidad de uno y a la apertura al dialogo de ambos. Si bien Francisco no logra hacer que el sultán se haga cristiano, tampoco el sultán logra retener a este “monje” llamado Francisco ofreciéndole suntuosos regalos y dinero. Sin embargo, ambos vivenciaron un encuentro en paz, en donde cada uno pudo exponer al otro su perspectiva en un franco diálogo. Gracias a este encuentro en paz que hoy en día los franciscanos viven en paz custodiando los lugares santos en medio de tierras no cristianas. (El diálogo de los creyentes. Tomo 3. Curia general OFM. Secretaria de Evangelización. Secretaría para la formación y estudios. ISE. Venecia.Roma.2005.p.78-79).

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos. ¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas del séptimo día (Vida primera según Celano, nº 21-22)

Entre tanto, el santo de Dios, cambiado su vestido exterior y restaurada la iglesia ya mencionada [la de San Damián], marchó a otro lugar próximo a la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedificación de otra iglesia muy deteriorada y semiderruida [la de San Pedro]… De allí pasó a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen Madre de Dios, construida en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplarla el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque le hervía el corazón en devoción hacia la madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo. Cuando acabó de reparar dicha iglesia, se encontraba ya en el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito como de ermitaño, sujeto con una correa; llevaba un bastón en la mano, y los pies calzados. Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica». Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído…

Reflexión

Una característica que hace de Francisco un hombre ecuménico es su relación con la palabra de Dios . Del encuentro con el Evangelio brota la elección de su vida y la vida de sus hermanos. Pues la vida de los hermanos franciscanos es una vida “según el santo Evangelio”, tal como nos lo señala la regla bulada: La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta, a saber, guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad. La interpretación de la palabra de Dios en San Francisco es clara y lineal: “la letra mata, el Espíritu da Vida” (Adm .7); El principio interpretativo de Francisco no es de erudición, sino de conversión, es total prontitud para obrar con el propósito de en todo momento dar Gloria a Dios. Para Francisco la caridad, el contenido de la palabra de Dios, vale más que a lectura, por lo cual no duda en regalar a una persona necesitada el texto del Nuevo Testamento (LP56). Su profunda lectura sapiencial y experiencial de la palabra de Dios lo preserva no solo de una interpretación ad litteram, sino también de una pura observancia literal: el haber buscado siempre el mensaje del espíritu fue para él fuente de creatividad y de gestos proféticos, de distensión, de diálogo, de conciliación. Y es precisamente la escucha de la única palabra de Dios la que acompaña a las Iglesias cristianas en lento camino hacia la unidad. Camino del cual los franciscanos tenemos una vocación particular y arraigada en la vida de Francisco. (La Vocación ecuménica del Franciscano. Tomo 2.p.127).

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos. ¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas del sexto día (Vida primera según Celano, nº 47)

Caminando los hermanos en simplicidad ante Dios y con confianza ante los hombres, merecieron por aquel tiempo el gozo de la divina revelación. Mientras, inflamados del fuego del Espíritu Santo, cantaban el Padre Nuestro con voz suplicante, en melodía espiritual, no sólo en las horas establecidas, sino en todo tiempo, ya que ni la solicitud terrena ni el enojoso cuidado de las cosas les preocupaba, una noche el beatísimo padre Francisco se ausentó corporalmente de su presencia. Y he aquí que a eso de la media noche, estando unos hermanos descansando y otros orando fervorosamente en silencio, entró por la puertecilla de la casa un carro de fuego deslumbrador que dio dos o tres vueltas por la habitación; sobre él había un gran globo, que, semejándose al sol, hizo resplandeciente la noche. Quedaron atónitos cuantos estaban en vela y se sobresaltaron los que dormían; sintiéronse iluminados no menos en el corazón que en el cuerpo. Reunidos todos, se preguntaban qué podría significar aquello; mas por la fuerza y gracia de tanta claridad quedaban patentes las conciencias de los unos para los otros. Comprendieron finalmente y descubrieron que era el alma del santo Padre, radiante con aquel inmenso fulgor, la cual, en gracia, sobre todo, a su pureza y a su gran piedad con sus hijos, había merecido del Señor don tan singular.

Reflexión

Si miramos nuestras vidas y la forma en como hemos construido nuestro mundo, nos damos cuenta que todo está medido por el valor de lo que se puede comprar o no. En una sociedad en la que todo se transforma en mercancías no hay puesto para la gratuidad, pues lo gratuito o no vale o es propaganda. Si todo tiene su precio, entonces no hay espacio para el amor gratuito de Dios. Para Francisco Dios, la vida, los campos, los mares, las montañas, el sol, la luna, las estrellas es la manifestación de lo más gratuito que existe; desde su sentir nos señala un nuevo camino, abrirnos a la novedad de Dios implica llenarnos de optimismo, de una nueva humanidad y de unas ganas inconmensurables de vivir. Francisco nos llama a acoger lo diverso de la vida con alegría, a llenarnos de asombro por las maravillas que Dios ha hecho en nosotros y alrededor de nosotros. Francisco ofrece a la sociedad actual una cultura de la austeridad y la moderación en el uso de las cosas, gracias a esta actitud el hombre moderno descubrirá el rostro gratuito de la vida y podrá aprender a dar gracias y a revestirse de simpatía, de cortesía y de amabilidad, caminos necesarios para una utopía de lo cotidiano. Vivir así la vida, es abrir nuestro corazón para acoger toda la vida que existe en el Universo desde la vida humana hasta la más pequeña expresión que refiere al amor de Dios. Esta es la vida que Dios nos ofrece, y este es el camino que emprendió San Francisco.

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos. ¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas del quinto día (Vida primera según Celano, nº77)

Su espíritu de caridad se derramaba en piadoso afecto, no sólo sobre hombres que sufrían necesidad, sino también sobre los mudos y brutos animales, reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles. Pero, entre todos los animales, amaba con particular afecto y predilección a los corderillos, ya que, por su humildad, nuestro Señor Jesucristo es comparado frecuentemente en las Sagradas Escrituras con el cordero, y porque éste es su símbolo más expresivo. Por este motivo, amaba con más cariño y contemplaba con mayor regocijo las cosas en las que se encontraba alguna semejanza alegórica del Hijo de Dios. De camino por la Marca de Ancona, después de haber predicado en la ciudad de este nombre, marchaba a Osimo junto con el señor Pablo, a quien había nombrado ministro de todos los hermanos en la dicha provincia; en el campo dio con un pastor que cuidaba un rebaño de cabras e irascos. Entre tantas cabras e irascos había una ovejita que caminaba mansamente y pacía tranquila. Al verla, el bienaventurado Francisco paró en seco y, herido en lo más vivo de su corazón, dando un profundo suspiro, dijo al hermano que le acompañaba: «¿No ves esa oveja que camina tan mansa entre cabras e irascos? Así, créemelo, caminaba, manso y humilde, nuestro Señor Jesucristo entre los fariseos y príncipes de los sacerdotes. Por esto, te suplico, hijo mío, por amor de Cristo, que, unido a mí, te compadezcas de esa ovejita y que, pagando por ella lo que valga, la saquemos de entre las cabras e irascos».

Reflexión

El relato que hemos escuchado nos revela el inmenso amor de Francisco por toda la obra de Dios; este amor así vivido representó en su tiempo algo radicalmente sorprendente y nuevo. Fue una experiencia que comunicaba al hombre directamente con lo divino. Francisco logra ver, de una manera asombrosa, en toda la Creación la belleza que Dios había impreso en cada espacio del universo. Para Francisco la realidad entera, participante de idéntico origen y dignidad, estaba a su misma altura, todas las criaturas, sin distinción recibían el nombre de hermanas, inclusive el hombre leproso en su carne o en sus ideas, el hereje o infiel. Esta mirada contemplativa sobre la Creación en Francisco es consecuencia del despojo de toda sed de dominio y de poder. Francisco vive pobre y es pobre, ama la vida y todo lo que hay en la vida con una infinita ternura. En él no hay espacio para la destrucción y la explotación de la obra creada por Dios. De un corazón simple y pobre brotan la ternura y la simpatía, y a través de ellas se contempla la presencia de Dios en medio nuestro. El mundo para Francisco es una gran ventana donde se puede observar a Dios.

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos. ¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián (OrSD)

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.

Oración de San Juan Pablo II a San Francisco de Asís

Oh San Francisco, que recibiste los estigmas en La Verna, el mundo tiene nostalgia de ti como icono de Jesús crucificado. Tiene necesidad de tu corazón abierto a Dios y al hombre, de tus pies descalzos y heridos, y de tus manos traspasadas e implorantes. Tiene nostalgia de tu voz débil, pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy a reconocer el mal del pecado y a buscar su purificación en la penitencia. Ayúdalos a liberarse también de las estructuras de pecado, que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes la urgencia de la paz en las naciones y entre los pueblos. Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida, capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad concédeles, Francisco, tu alegría de saber perdonar. A todos los crucificados por el sufrimiento, el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza. Amén.

Lecturas del cuarto día (Leyenda de los Tres Compañeros 58 y Admonición 15)

Todo su afán era que así él como los hermanos estuvieran tan enriquecidos de buenas obras, que el Señor fuera alabado por ellas. Y les decía: «Que la paz que anuncian de palabra, la tengan, y en mayor medida, en sus corazones Que ninguno se vea provocado por ustedes a ira o escándalo, sino que por su mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues para esto hemos sido llamados: para curar a los heridos, para vendar a los quebrados y para corregir a los equivocados. Pues muchos que parecen ser miembros del diablo, llegarán todavía a ser discípulos de Cristo». Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). Son verdaderamente pacíficos aquellos que, con todo lo que padecen en este siglo, por el amor de nuestro Señor Jesucristo, conservan la paz en el alma y en el cuerpo.

Reflexión

En nuestra vida cotidiana nos esforzamos o por lo menos deseamos crear espacios que fomenten las relaciones pacíficas. No son pocas las organizaciones que promueven la paz dentro y fuera de la familia franciscana. Sin embargo, la paz sólo encuentra verdadero asidero en el corazón del hombre, de ahí puede brotar hacia los otros, pues recordemos que no podemos dar lo que no poseemos. Si poseemos la paz en nuestro interior será mucho más fácil y real transmitirla a los otros. San Francisco insiste más en poseer la paz “Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones…” (Cf.TC 58) así afirmamos que quien posee la paz como consecuencia crea la paz. Una forma de medir cuanta paz poseemos la descubrimos en la admonición o consejo que da Francisco; en él nos muestra que los verdaderos pacíficos son aquellos que, por amor de nuestro Señor Jesucristo soportan todas las adversidades con un espíritu de verdadera paz, por ello podemos decir que la paz se mide en el momento de la prueba. Uno de los caminos para llegar a amar a Jesucristo y por este amor conservar la paz es la vivencia del evangelio. Si procuramos guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1R. 1) seremos poseedores de los elementos que nos ayuden a vivir la paz; en primer lugar en nuestra propia vida y luego en nuestro entorno cotidiano. Seremos capaces de dar testimonio como cristianos que otro mundo es posible, un mundo donde reine la paz y la concordia. Comencemos hermanos porque hasta el presente poco o nada hemos hecho.

Oración en honor a las llagas de San Francisco

Gloriosísimo Protector y Padre mío, San Francisco, a ti acudo, implorando tu poderosa intercesión, para entender el amor que Dios Nuestro Señor te manifestó al martirizar vuestra carne y vuestro espíritu. Tus llagas son cinco focos de caridad divina; cinco lenguas que me recuerdan las misericordias de Jesucristo; cinco fuentes de gracia celestiales que el Creador te confió para que las distribuyas entre tus devotos. ¡Oh Santo amabilísimo!, pide por mí a Jesús crucificado una chispa del fuego que ardía en tu alma aquel día dichoso en que recibiste la seráfica crucifixión, a fin de que, recordando tus privilegios sobrenaturales, imite tus ejemplos y siga tus enseñanzas, viviendo y muriendo, amando a Dios sobre todas las cosas.

Se dicen las intenciones de la novena y se rezan 5 padrenuestros, avemarías y glorias en honor de las cinco llagas de San Francisco.

Oración Final

Seráfico Padre mío San Francisco, pobre y desconocido de todos, y, por esto, engrandecido y favorecido de Dios. Porque te veo tan rico en tesoros divinos, vengo a pedirte limosna. Dámela generoso, por amor al buen Jesús y a nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, y por el voto que hiciste de dar por su amor todo lo que se te pidiese. Por amor de Dios te ruego que me obtengas dolor de mis pecados, la humildad y el amor a tu pasión; conformidad con la voluntad de Dios, prosperidad para la Iglesia y para el Papa, exaltación de la fe, confusión de la herejía y de los infieles, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y eterno descanso de las almas del Purgatorio. Te lo pido por amor de Dios. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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