Category: Semana Santa


VIERNES SANTO

Acción litúrgica

La Misa en la Cena del Señor fue el oficio vespertino al iniciarse el Viernes Santo: Jesús, el Señor, va a vivir la Pascua, esta vez no ritual, sino que el verdadero Cordero va a ser Él, y será inmolado en el árbol de la cruz. La Iglesia se va a unir a Él con la liturgia celebrada el Viernes Santo, austera, sobria y a la vez solemne.

 El Viernes Santo, la Iglesia-Esposa nace del costado abierto de Cristo, su Esposo, dormido en la cruz. Cristo, el nuevo Adán, con su costado perforado, permite que salga la nueva Eva, la Iglesia.

Es el primer gran Acto de la Pascua, el drama, la lucha entre Cristo y Satanás, entre Jesucristo y la fuerza del pecado. ¡Es Pascua!, la Pascua de nuestro Señor Crucificado. La Iglesia se recoge en silencio, contemplación y amor. No se reviste de luto, con tonos sentimentales, sino se viste de Pascua. El Cordero de Dios se entrega y su Sangre lava nuestros pecados. El luto, de color negro o morado, se reserva para los difuntos a los que hay que encomendar y orar por sus pecados; el Rey de la gloria no necesita del negro o morado, sino del rojo, aquel color púrpura que vestían los emperadores, el color también de la sangre del primer Mártir, el Testigo fiel.

VIERNES SANTO

VIERNES SANTO

LECTURAS DEL VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 25-03-2016

1ª Lectura (Is 52,13–53,12) Lectura del libro del Profeta Isaías

He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba tan desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado. ¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz.

Por sus llagas hemos sido curados. Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial (Sal 30).

R: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

L: A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado.

En tus manos encomiendo mi espíritu y tú,

mi Dios leal, me librarás /R

L: Se burlan de mí mis enemigos,

mis vecinos y parientes de mí se espantan,

los que me ven pasar huyen de mí.

Estoy en el olvido, como un muerto,

como un objeto tirado en la basura /R

L: Pero yo, Señor, en ti confío.

Tú eres mi Dios, y en tus manos está mi destino.

Líbrame de los enemigos que me persiguen /R

L: Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y sálvame, por tu misericordia.

Sean fuertes y valientes de corazón,

ustedes, los que esperan en el Señor /R

2ª Lectura (Heb 4,14-16; 5,7-9Lectura de la Carta a los Hebreos

Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno. Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos Señor.

Evangelio (Jn 18,1–19,42) Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan.

A. Gloria a ti, Señor.

C. En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo:

“¿A quién buscan?”

C. Le contestaron:

S. “A Jesús, el Nazareno”.

C. Les dijo Jesús:

“Yo soy”.

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:

“¿A quién buscan?”

C. Ellos dijeron:

S. “A Jesús, el nazareno”.

C. Jesús contestó:

“Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”.

C. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

“Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”.

C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’. Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”

C. Él dijo:

S. “No lo soy”.

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:

“Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole:

S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C. Jesús le respondió:

“Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:

S. “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”

C. Él lo negó diciendo:

S. “No lo soy”.

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo:

S. “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?”

C. Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo:

S. “¿De qué acusan a este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”.

C. Pilato les dijo:

S. “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”.

C. Los judíos le respondieron:

S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”.

C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C. Jesús le contestó:

“¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”

C. Pilato le respondió:

S. “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?”

C. Jesús le contestó:

“Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Conque tú eres rey?”

C. Jesús le contestó:

“Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

C. Pilato le dijo:

S. “¿Y qué es la verdad?”.

C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:

S. “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?”

C. Pero todos ellos gritaron:

S. “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!”

C. (El tal Barrabás era un bandido). Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían:

S. “¡Viva el rey de los judíos!”,

C. y le daban de bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”.

C. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. “Aquí está el hombre”.

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”.

C. Los judíos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. “¿De dónde eres tú?”

C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:

S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”

C. Jesús le contestó:

“No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.

C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”

C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. “Aquí tienen a su rey”.

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!”

C. ¿Pilato les dijo:

S. “¿A su rey voy a crucificar?”

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. “No tenemos más rey que el César”.

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:

S. “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Soy rey de los judíos’”.

C. Pilato les contestó:

S. “Lo escrito, escrito está”.

C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron:

S. “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”.

C. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:

“Mujer, ahí está tu hijo”.

C. Luego dijo al discípulo:

“Ahí está tu madre”.

C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

“Tengo sed”.

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo:

“Todo está cumplido”,

C. e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

(Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa)

C. Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto, por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Palabra del Señor.

A: Gloria a ti, Señor Jesús.

VIERNES SANTO

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JUEVES SANTO

El jueves santo la iglesia realiza la Misa Crismal en conmemoración de la última cena de Nuestro Señor Jesucristo, en donde instituyó el sacerdocio.

LA MISA CRISMAL

Se llama Misa Crismal a la que celebra el obispo con todos los presbíteros y diáconos de su diócesis. La Misa Crismal es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo, que ha de ser tenido como el gran sacerdote de su grey, y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. En dicha misa se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. Esta solemne liturgia se ha convertido en ocasión para reunir a todo el presbiterio alrededor de su obispo y hacer de la celebración una fiesta del sacerdocio.

El origen de la bendición de los santos óleos y del sagrado crisma procede de ambiente romano, aunque el rito tenga huella galicana. Parece ser que hasta el final del siglo VII, la bendición de los óleos se hacía durante la Cuaresma, y no el Jueves Santo. Haberla fijado en este día no se debe al hecho de que el Jueves Santo sea el día de la institución de la eucaristía, sino sobre todo a una razón práctica: poder disponer de los santos óleos, sobre todo del óleo de los catecúmenos y del Santo Crisma, para la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana durante la Vigilia Pascual. Sin embargo, no se debe olvidar que este motivo de utilidad no resta nada a la teología de los sacramentos, que los ve a todos unidos a la eucaristía.

La palabra crisma proviene de latín chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra en esta misa, que en la archidiócesis de Sevilla se realiza el Martes Santo por la mañana, por razones de conveniencia pastoral, aunque su día propio es el Jueves Santo por la mañana, tal como el Misal dispone. Con esos óleos serán ungidos los nuevos bautizados y se signará a los que reciben el sacramento de la Confirmación. También son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental. Así pues, el Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los sacerdotes y obispos.

JUEVES SANTO

JUEVES SANTO

LECTURAS DEL JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SEÑOR 24-03-2016

1ª Lectura (Éx 12,1-8.11-14) Lectura del libro del Éxodo

En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: ‘El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce  el mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados.

Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto. Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua’”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 115).

R: Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

L: ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor /R

L: A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.

De la muerte, Señor, me has librado,

a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava /R

L: Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.

Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo /R

2ª Lectura (1Co 11,23-26) Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”. Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Evangelio (Jn 13,1–15) Lectura del Santo Evangelio según San Juan. 

A. Gloria a ti, Señor.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”.

Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos están limpios”. Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Palabra del Señor.

A: Gloria a ti, Señor Jesús.

JUEVES SANTO

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MIÉRCOLES SANTO CONMEMORACIÓN DEL NAZARENO 23-03-2016

1ª Lectura (Is 50,4-9) Lectura del libro del Profeta Isaías

En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?”

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 68).

 R: Por tu bondad, Señor, socórreme.

L: Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante.

Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre;

pues me devora el celo de tu casa,

el odio del que te odia, en mí recae /R

L: La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.

Espero compasión y no la hallo; consoladores, y no los encuentro.

En mi comida me echaron hiel,

para mi sed me dieron vinagre /R

L: En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.

Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo,

porque el Señor jamás desoye al pobre,

ni olvida al que se encuentra encadenado /R

Evangelio (Mt 26,14-25) Lectura del santo Evangelio según an Mateo.

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

Palabra del Señor.

A: Gloria a ti, Señor Jesús.

MIÉRCOLES SANTO

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MARTES SANTO 22-03-2016

1ª Lectura (Is 49,1-6) Lectura del libro del Profeta Isaías

Escúchenme, islas; pueblos lejanos, atiéndanme. El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano, me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo: “Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria”. Entonces yo pensé: “En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas; en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios”. Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a él y congregar a Israel en torno suyo -tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-. Ahora, pues, dice el Señor: “Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 70).

R: En ti, Señor, he puesto mi esperanza.

L: Señor, tú eres mi esperanza,

que no quede yo jamás defraudado.

Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme;

escucha mi oración y ponme a salvo /R

L: Sé para mí un refugio,

ciudad fortificada en que me salves.

Y pues eres mi auxilio y mi defensa,

líbrame, Señor, de los malvados /R

L: Señor, tú eres mi esperanza;

desde mi juventud en ti confío.

Desde que estaba en el seno de mi madre,

yo me apoyaba en ti y tú me sostenías /R

L: Yo proclamaré siempre tu justicia

y a todas horas, tu misericordia.

Me enseñaste a alabarte desde niño y

seguir alabándote es mi orgullo /R

Evangelio (Jn 13,21-33.36-38) Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

A. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le preguntó: “¿De quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”.

Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche. Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará. Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes que me hayas negado  tres veces”.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

MARTES SANTO

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LUNES SANTO 21-03-2016

1ª Lectura (Is 42,1-7) Lectura del libro del profeta Isaías

Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea. Proclamará la justicia con firmeza, no titubeará ni se doblegará, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen su enseñanza. Esto dice el Señor Dios, el que creó el cielo y lo extendió, el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota; el que dio el aliento a la gente que habita la tierra y la respiración a cuanto se mueve en ella: “Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano; te he formado y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 26).

R: El Señor es mi luz y mi salvación.

L: El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién voy a tenerle miedo?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién podrá hacerme temblar? /R

L: Cuando me asaltan los malvados

para devorarme, ellos, enemigos y

adversarios, tropiezan y caen /R

L: Aunque se lance contra mí un ejército,

no temerá mi corazón;

aun cuando hagan la guerra contra mí,

tendré plena confianza en el Señor /R

L: La bondad del Señor

espero ver en esta misma vida.

Ármate de valor y fortaleza

y en el Señor confía /R

Evangelio (Jn 12,1-11) Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

A. Gloria a ti, Señor.

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume. Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella. Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”. Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

Palabra del Señor.

A: Gloria a ti, Señor Jesús.

LUNES SANTO

LUNES SANTO


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El Domingo de Ramos

En el Domingo de Ramos, tal como el Misal indica, la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su Misterio Pascual.

Las dos fases del misterio de Cristo aparecen con un relieve especial en la liturgia de este día y conviene presentarlas como partes indisolubles de un todo: el aspecto triunfal en la procesión y el aspecto pasionario en la Eucaristía.

Este domingo tiene unas peculiaridades litúrgicas muy concretas y llamativas que los distinguen de otros domingos, fundamentalmente explicitadas en la procesión de ramos y en la lectura de la Pasión.

El recuerdo de la entrada de Cristo en Jerusalén para la plenitud de su pascua se puede hacer de tres maneras:

  1. Procesión y entrada solemne antes de la misa principal.
  2. Entrada solemne, sin procesión, antes de la misa a la que asiste gran concurso de fieles.
  3. Entrada simple, sin bendición de ramos.

El color litúrgico de los ornamentos es el rojo. El sacerdote puede realizar la procesión con capa pluvial, que se quitará al comenzar la Misa.

DOMINGO DE RAMOS

DOMINGO DE RAMOS

LECTURAS DEL DOMINGO DE RAMOS 20-03-2016

 1ª Lectura (Is 50,4-7) Lectura del libro del profeta Isaías

En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

R: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

L: Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen:

“Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre” /R

L: Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros.

Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis huesos /R

L: Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.

Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado /R

L: Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

Fieles del Señor, alábenlo; glorifícalo, linaje de Jacob; témelo, estirpe de Israel /R (Sal 21).

2ª Lectura (Fil 2,6-11) Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses

Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Evangelio (Lc 22,14—23,56) Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas.

A. Gloria a ti Señor.

C. Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:

“Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”.

C. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo:

“Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.

C. Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

“Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

C. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo:

“Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”. “Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!”

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar. Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería. Luego añadió:

“Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.

C. Él le contestó:

S. “Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”.

C. Jesús le replicó:

“Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”.

C. Después les dijo a todos ellos:

“Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?”

C. Ellos contestaron:

S. “Nada”.

C. Él añadió:

“Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”.

C. Ellos le dijeron:

S. “Señor, aquí hay dos espadas”.

C. Él les contestó:

“¡Basta ya!”

C. Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a este sitio, les dijo:

“Oren, para no caer en la tentación”.

C. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo:

“Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

C. Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; él en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo:

“¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación”.

C. Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo:

“Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?”

C. Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él dijeron:

S. “Señor, ¿los atacamos con la espada?”

C. Y uno de ellos hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo:

“¡Dejen! ¡Basta!”

C. Le tocó la oreja y lo curó. Después Jesús dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo:

“Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta es su hora y la del poder de las tinieblas”.

C. Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo:

S. “Este también estaba con él”.

C. Pero él lo negó diciendo:

S. “No lo conozco, mujer”.

C. Poco después lo vio otro y le dijo:

S. “Tú también eres uno de ellos”.

C. Pedro replicó:

S. “¡Hombre, no lo soy!”

C. Y como después de una hora, otro insistió:

S. “Sin duda que éste también estaba con él, porque es galileo”.

C. Pedro contestó:

S. “¡Hombre, no sé de qué hablas!”

C. Todavía estaba hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que el Señor le había dicho: ‘Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces’, y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente. Los hombres que sujetaban a Jesús, se burlaban de él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban:

S. “¿Adivina quién te ha pegado?”

C. Y proferían contra él muchos insultos. Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron:

S. “Si tú eres el Mesías, dínoslo”.

C. Él les contestó:

“Si se lo digo, no lo van a creer, y si les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso”.

C. Dijeron todos:

S. “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?”

C. Él les contestó:

“Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy”.

C. Entonces ellos dijeron:

S. “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”.

C. El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo:

S. “Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey”.

C. Pilato preguntó a Jesús:

S. “Eres tú el rey de los judíos?”

C. Él le contestó:

“Tú lo has dicho”.

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:

S. “No encuentro ninguna culpa en este hombre”.

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí”.

C. Al oír esto, Pilato preguntó si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo:

S. “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.

C. Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo:

S. “¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!”

C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Él les dijo por tercera vez:

S. “¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré”.

C. Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo:

“Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: ‘¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!’ Entonces dirán a los montes: ‘Desplómense sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepúltennos’, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?”

C. Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con él. Cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía, desde la cruz:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

C. Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo:

S. “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.

C. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían:

S. “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”.

C. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole:

S. “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”.

C. Pero el otro le reclamaba, indignado:

S. “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”.

C. Y le decía a Jesús:

S. “Señor, cuando llegues a tu Reino acuérdate de mí”.

C. Jesús le respondió:

“Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

C. Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo:

“¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”

C. Y dicho esto, expiró.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

C. El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo:

S. “Verdaderamente este hombre era justo”.

C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían mirando todo aquello. Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.

Palabra del Señor.

A: Gloria a ti, Señor Jesús.

DOMINGO DE RAMOS

DOMINGO DE RAMOS


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DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.

Nos dice San Pablo: “Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales”. No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos. Las pascuas cristianas -llenas de profundas simbologías– celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable. Además de que todos los evangelistas lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.

Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?

Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?, son preguntas que cabe preguntarse.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que , aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz -suma de todos los bienes mesiánicos-, en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto : “Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él” (Col. 3 1-4).

DomingoDeResurreccion

LECTURAS DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN 27-03-2016

1ª Lectura (He 10,34.37-43) Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos. Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 117).

R. Este es el día del triunfo del Señor. Aleluya.

L. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,

porque tu misericordia es eterna.

Diga la casa de Israel:

“Sumisericordia es eterna” /R

L. La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es nuestro orgullo.

No moriré, continuaré viviendo

para contar lo que el Señor ha hecho /R

L. La piedra que desecharon los constructores,

es ahora la piedra angular.

Esto es obra de la mano del Señor,

es un milagro patente /R

2ª Lectura (Col 3,1-4) Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses

Hermanos: Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Evangelio (Jn 20,1-9) Lectura del Santo Evangelio según San Juan.

A. Gloria a ti, Señor

El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró. En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

DOMINGO DE RESURRECCIÓN


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SÁBADO SANTO

RITOS DELA VIGILIA PASCUAL 
Autor: Paula Restrepo Soto

La Vigilia Pascual:

Sentido y Hora de la Vigilia:

«Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó , ha de considerarse como “la madre de todas las santas Vigilias”. Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana» .

 «Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contraria que se haya introducido y que suponga la celebración de la Vigilia Pascual a la hora en la cual habitualmente, se celebran las misas vespertinas antes del domingo han de ser reprobadas» .

En la Didascalia de los Apóstoles leemos: «Durante toda la noche permaneced reunidos en comunidad, no durmáis, pasad toda la noche en vela, rezando y orando, leyendo los profetas, el evangelio y los salmos con temor y temblor, en un clima de súplica incesante, hasta la tercera vigilia de la noche, después del sábado…Ofreced después vuestro sacrificio. Alegraos entonces y comed, llenaos de gozo y de júbilo porque Cristo ha resucitado, como prenda de vuestra resurrección» . Tal vez no sea posible realizar una vigilia total en muchas de las parroquias y comunidades cristianas, pero al menos no tendría que reducirse demasiado la duración de esta Vigilia. En una sociedad en que las celebraciones festivas nocturnas son comunes, ¿tenemos miedo a dedicar una noche a velar con el Señor Jesús en su paso de la muerte a la Vida?

SÁBADO SANTO

SÁBADO SANTO

LECTURAS DEL SÁBADO SANTO SOLEMNE VIGILIA PASCUAL 26-03-2016

1ª Lectura (Gén 1,1—2,2) Lectura del Libro del Génesis.

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día. Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras”. E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día. Dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco”. Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno. Dijo Dios: “Verde la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día. Dijo Dios: “Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día. Dijo Dios: “Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo”. Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creó también el mundo de las aves, según sus especies.

Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra”. Fue la tarde y la mañana del quinto día. Dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes, según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras, según sus especies”. Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno. Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. Y dijo Dios: “He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día. Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 103).

R: Bendice al Señor, alma mía.

L. Bendice al Señor, alma mía;

Señor y Dios mío inmensa es tu grandeza.

Te vistes de belleza y majestad,

la luz te envuelve como un manto /R

L. Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre.

Con un vestido de mares la cubriste

y las aguas en los montes concentraste /R

L: En los valles haces brotar las fuentes,

que van corriendo entre montañas;

junto al arroyo vienen a vivir las aves,

que cantan entre las ramas /R

L: Desde tu cielo riegas los montes

y sacias la tierra del fruto de tus manos;

haces brotar hierba para los ganados

y pasto para los que sirven al hombre /R

L: ¡Qué numerosas son tus obras, Señor,

y todas las hiciste con maestría!

La tierra está llena de tus criaturas.

Bendice al Señor, alma mía /R

2ª Lectura (Gén 22,1-18) Lectura del libro del Génesis

En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él respondió: “Aquí estoy”. Y Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré”. Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados: “Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá, para adorar a Dios y después regresaremos”. Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham: “¡Padre!” Él respondió: “¿Qué quieres, hijo?” El muchacho contestó: “Ya tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?” Abraham le contestó: “Dios nos dará el cordero para el sacrificio, hijo mío”. Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña.

Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo: “¡Abraham, Abraham!” Él contestó: “Aquí estoy”. El ángel le dijo: “No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único”. Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por nombre a aquel sitio “el Señor provee”, por lo que aun el día de hoy se dice: “el monte donde el Señor provee”. El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo: “Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 15).

R: Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

L. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia:

mi vida está en sus manos.

Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado,

jamás tropezaré /R

L. Por eso se me alegran el corazón y el alma

y mi cuerpo vivirá tranquilo,

porque tú no me abandonarás a la muerte,

ni dejarás que sufra yo la corrupción /R

L. Enséñame el camino de la vida,

sáciame de gozo en tu presencia

y de alegría perpetua junto a ti /R 

3ª Lectura (Éx 14,15–15,1) Lectura del libro del Éxodo

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del faraón y de todo su ejército, de sus carros y jinetes. Cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor”. El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras ellas. Y la columna de nubes que iba adelante, también se desplazó y se puso a sus espaldas, entre el campamento de los israelitas y el campamento de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche. Moisés extendió la mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y dividió las aguas. Los Israelitas entraron en el mar y no se mojaban, mientras las aguas formaban una muralla a su derecha y a su izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y toda la caballería del faraón, sus carros y jinetes, entraron tras ellos en el mar.  Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros, de suerte que no avanzaban sino pesadamente. Dijeron entonces los egipcios: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto”. Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes”.

Y extendió Moisés su mano sobre el mar, y al amanecer, las aguas volvieron a su sitio, de suerte que al huir, los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en medio del mar. Volvieron las aguas y cubrieron los carros, a los jinetes y a todo el ejército del faraón, que se había metido en el mar para perseguir a Israel. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar. Las aguas les hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios, muertos en la orilla del mar. Israel vio la mano fuerte del Señor sobre los egipcios, y el pueblo temió al Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal Éx 15).

R. Alabemos al Señor por su victoria.

L. Cantemos al Señor, sublime es su victoria:

caballos y jinetes arrojó en el mar.

Mi fortaleza y mi canto es el Señor,

él es mi salvación; él es mi Dios, y yo lo alabaré,

es el Dios de mis padres, y yo le cantaré /R

L. El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor.

Precipitó en el mar los carros del faraón y a sus guerreros;

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes /R

L. Las olas los cubrieron, cayeron hasta el fondo,

como piedras. Señor,

tu diestra brilla por su fuerza,

tu diestra, Señor, tritura al enemigo /R

L. Tú llevas a tu pueblo para plantarlo

en el monte que le diste en herencia, en el lugar que convertiste

en tu morada, en el santuario que construyeron tus manos.

Tú, Señor, reinarás para siempre /R

4ª Lectura (Is 54,5-14) Lectura del libro del Profeta Isaías

“El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es ‘Señor de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado ‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tú Dios. Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor. Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte.

Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti. Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no consolada: He aquí que yo mismo coloco tus piedras sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande su prosperidad. Serás consolidada en la justicia. Destierra la angustia, pues ya nada tienes que temer; olvida tu miedo, porque ya no se acercará a ti”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 29).

R. Te alabaré, Señor, eternamente.

L. Te alabaré, Señor, eternamente,

pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos.

Tú, Señor, me salvaste de la muerte

y a punto de morir, me reviviste /R

L. Alaben al Señor quienes lo aman,

den gracias a su nombre,

porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida.

El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo /R

L. Escúchame, Señor, y compadécete;

Señor, ven en mi ayuda.

Convertiste mi duelo en alegría,

te alabaré por eso eternamente /R

5ª Lectura (Is 55,1-11) Lectura del libro del Profeta Isaías

Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David. Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, como príncipe y soberano de las naciones, así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que no te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios, por el Santo de Israel, que te ha honrado. Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos. Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Palabra de Dios.

A: Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Is 12).

R. El Señor es mi Dios y salvador.

L. El Señor es mi Dios y salvador:

con él estoy seguro y nada temo.

El Señor es mi protección y mi fuerza,

y ha sido mi salvación.

Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación /R

L. Den gracias al Señor, invoquen su nombre,

cuenten a los pueblos sus hazañas,

proclamen que su nombre es sublime /R

L. Alaben, al Señor por sus proezas,

anúncienlas a toda la tierra.

Griten jubilosos, habitantes de Sión,

porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes /R

6ª Lectura (Ba 3,9-15.32—4,4) Lectura del libro del Profeta Baruc

Escucha, Israel, los mandatos de vida, presta oído para que adquieras prudencia. ¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que te veas contado entre los que descienden al abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido los senderos de Dios, habitarías en paz eternamente. Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la energía, así aprenderás dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida, y dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado.

El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece; llama a los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le responden: “Aquí estamos”, y refulgen gozosos para aquel que los hizo. Él es nuestro Dios y no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos de la sabiduría y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después de esto, ella apareció en el mundo y convivió con los hombres. La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna; los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán. Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz; no entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero. Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos ha sido revelado.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 18).

R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

L. La ley del Señor es perfecta del todo

y reconforta el alma;

inmutables son las palabras del Señor,

y hacen sabio al sencillo /R

L. En los mandamientos del Señor

hay rectitud y alegría para el corazón;

son luz los preceptos del Señor

para alumbrar el camino /R

L. La voluntad de Dios es santa y para siempre estable;

los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos /R

L. Más deseables que el oro y las piedras preciosas

las normas del Señor,

y más dulces que la miel de un panal que gotea /R

7ª Lectura (Ez 36,16-28) Lectura del libro del Profeta Ezequiel

En aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos: “Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel habitaban en su tierra, la mancharon con su conducta y con sus obras; como inmundicia fue su proceder ante mis ojos. Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que habían derramado en el país y por haberlo profanado con sus idolatrías. Los dispersé entre las naciones y anduvieron errantes por todas las tierras. Los juzgué según su conducta, según sus acciones los sentencié. Y en las naciones a las que se fueron, desacreditaron mi santo nombre, haciendo que de ellos se dijera: ‘Este es el pueblo del Señor, y ha tenido que salir de su tierra’.

Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones a donde llegó, me he compadecido. Por eso, dile a la casa de Israel: ‘Esto dice el Señor: no lo hago por ustedes, casa de Israel. Yo mismo mostraré la santidad de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor, cuando, por medio de ustedes les haga ver mi santidad. Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu y los haré vivir según mis preceptos y guardar y cumplir mis mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios’”.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 41 y 42).

R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

L. Como el venado busca el agua de los ríos,

así, cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío /R

L. Del Dios que da la vida está mi ser sediento.

¿Cuándo será posible ver de nuevo su templo? /R

L. Recuerdo cuando íbamos a casa del Señor,

cantando, jubilosos, alabanzas a Dios /R

L. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad;

que ellas se conviertan en mi guía

y hasta tu monte santo me conduzcan,

allí donde tú habitas /R

L. Al altar del Señor me acercaré,

al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor,

le daré gracias al compás de la cítara /R 

Epístola (Rom 6,3-11) Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado. Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial (Sal 117).

R. Aleluya, aleluya.

L. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,

porque tu misericordia es eterna.

Diga la casa de Israel:

“Su misericordia es eterna” /R

L. La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es nuestro orgullo.

No moriré, continuaré viviendo,

para contar lo que el Señor ha hecho /R

L. La piedra que desecharon los constructores,

es ahora la piedra angular.

Esto es obra de la mano del Señor,

es un milagro patente /R

Evangelio (Lc 24,1-12) Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.

A. Gloria a ti, Señor

El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: ‘Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite’”. Y ellas recordaron sus palabras. Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían desvaríos y no les creían. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.

Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús.

SÁBADO SANTO

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