• Ezequiel 37, 12-14 Voy a abrir sus tumbas y a sacarlos de ellas, pueblo mío.
  • Salmo 71, 18b-23 Tu justicia, oh Dios, llega hasta el cielo.
  • Romanos 8, 15-21 Compartimos sus sufrimientos para compartir también su gloria.
  • Mateo 28, 1-10 No está aquí, pues ha resucitado, tal como anunció.

Comentario:

Las reflexiones para este día han sido preparadas por el Centro Juvenil Católico de la archidiócesis de Riga y surgen de su experiencia de organizar un Víacrucis ecuménico que se ha vuelto un acontecimiento anual de primer orden en la vida de Letonia. Esta experiencia invita a reflexionar sobre el significado de la pasión y de la resurrección en el contexto letón y sobre las grandezas del Señor que los bautizados estamos destinados a proclamar.

La historia soviética de Letonia continúa proyectando una sombra sobre la gente de esta nación. Todavía hay mucho dolor y sufrimiento; heridas que han sido infligidas que son muy difíciles de curar. Todo esto es como la gran piedra que cerraba la entrada del sepulcro de Jesús. Heridas como estas son las que nos mantienen prisioneros en nuestros sepulcros espirituales.

Sin embargo, si en nuestro sufrimiento, nuestro dolor se une al suyo, entonces la historia no termina aquí, cerrada en nuestros sepulcros. El terremoto de la resurrección del Señor es el acontecimiento que estremece la tierra y abre nuestras tumbas y nos libera de nuestro dolor y amargura, que nos mantienen aislados los unos de los otros.

Esta es la grandeza del Señor: su amor que estremece la tierra, que remueve las piedras, que nos libera, que nos llama a la luz de un nuevo día. Aquí, en este nuevo amanecer somos unidos de nuevo con nuestros hermanos y hermanas que eran prisioneros y también sufrían. Y, como María Magdalena, tenemos que ir «rápidamente» de este momento de alegría a anunciar a otros lo que el Señor ha hecho.

Preguntas

  1. ¿Cuáles son los acontecimientos y las situaciones en nuestras vidas y las circunstancias que hacen que nos encerremos en nuestra tumba de tristeza, de dolor, de preocupaciones, de ansiedad y de desesperanza?
  2.  ¿Qué es lo que nos impide aceptar la promesa y la alegría de la resurrección de Cristo?
  3. ¿Qué dispuestos estamos a compartir la experiencia de Dios con los que encontramos?

Oración

Señor Jesucristo, desde el principio siempre nos has amado y nos has mostrado la profundidad de tu amor al morir por nosotros en la cruz haciendo tuyos nuestros sufrimientos y heridas. En este momento queremos poner a los pies de tu cruz todos los obstáculos que nos separan de tu amor. Remueve la piedra que nos mantiene prisioneros. Despiértanos a la mañana de tu resurrección. Que allí podamos encontrarnos con los hermanos y hermanas de los que estamos separados. Amén.