“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los Hombres, Cristo Jesús”. 1Timoteo 2, 5.

¿Quién es Jesús de Nazaret?

Hubo un hombre que nació en un establo, hijo de una campesina y de un carpintero. Se crió en una pequeña aldea llamada Nazaret, donde trabajo con su padre hasta los treinta años.

  • Por tres años fue predicador ambulante.
  • Nunca escribió un libro.
  • Nunca obtuvo un cargo público.
  • Nunca formó una familia.
  • No fue a la universidad.
  • Nunca visitó una gran ciudad.
  • Nunca viajó más de 300 kilómetros desde el lugar donde había nacido.
  • No hizo ninguna de las cosas que ordinariamente asociaríamos con la grandeza.
  • No tenía otra carta de presentación más que así mismo.
  • Solo tenía 33 años cuando la marea de la opinión pública se volvió contra él.
  • Sus amigos se escaparon.
  • Fue entregado a sus enemigos, se burlaron de él y lo sometieron a juicio.
  • Fue clavado en una cruz entre dos ladrones.
  • Mientras moría sus verdugos sortearon entre si su túnica, su única posesión en la tierra.
  • Una vez muerto, fue enterrado en una tumba prestada gracias a un amigo.

Todos los ejércitos que han marchado, todas las armas que han navegado, todos los parlamentos que se han sentado, todas las juntas cumbres que se han convocado en Ginebra, Estocolmo y Nueva York, todos puestos juntos; no han afectado la vida del hombre en la tierra, tanto como este carpintero de Nazaret.

Jesus fue carpintero de profesion

¿Quién fue ese hombre que se proclamó Dios, Hijo del Altísimo? (Marcos 14, 62).

¿Era realmente el Mesías, el Hijo de Dios o un impostor?

La pregunta, que Cristo lanzo a sus discípulos hace más de 2.000 años: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? (Mateos 16,13).

Lo Que Enseña La Iglesia

Cristo durante toda su vida terrena, se presenta como el Salvador enviado del Padre para la salvación del mundo. Su mismo nombre, Jesús, manifiesta su misión, significa: Dios Salva. Ese nombre se lo pusieron por indicación celestial: el mensajero aclara a José su significado: “porque el salva a su pueblo de sus pecadores”. Lee: Mateo 1, 21.

Cristo define su vida como un servicio para la salvación de los hombres: “el hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida como rescate por muchos” (Marcos 10,45).

Jesús se presenta así como el salvador universal; todos los hombres, de acuerdo con el designio divino, son rescatados, liberados y salvados por él. “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de la gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Romanos 3,23-24).

Cristo, Salvador Universal, es el único Salvador. San Pedro lo afirma claramente: “Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros deseamos salvarnos” (Hechos 4,12).
Al mismo tiempo es proclamado el único mediador entre Dios y los Hombres : “porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también que se entregó a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2,5-6).

La mediación de Jesús es perfecta, única, y excluye cualquier otra mediación complementaria o paralela, aunque puede admitir mediaciones participadas o dependientes (Redemptoris Missio, 5) Catequesis de Juan Pablo II, 4/feb/98.

¿Estafador o Loco?

Veamos esto detenidamente. Solo hay dos posibilidades:

O Jesucristo dice la verdad y es el hijo de Dios o Jesucristo dice mentiras, y solo hay dos posibilidades más:

  • No sabe lo que dice; se engaña, está mal de la cabeza; es una loco.
  • Sabe lo que dice y lo hace para engañar, es un estafador.

1) Era un estafador que nos quiso engañar: 

En todos los tiempos ha habido estafadores que fingen ser enviados divinos; visionarios, profetas para engañar y lograr algún beneficio.

a) Estafador sin beneficio: Pero Cristo, ¿Qué ventaja lograba pretendiendo ser Dios?

Los griegos paganos lo hubieran confundido con un Dios del Partenón como a Pablo y Silas. Los hindúes le hubieran regalado futas y bebidas. Pero presentarse como Dios a los judíos, solo podría traer problemas.

Los judíos tenían un concepto muy elevado de Dios: él era el único Dios, el omnipotente, el Santo, el inmortal. El que un hombre se presentara igualando la divinidad solo podría provocar pedradas y acarrearle la muerte (Juan 8, 58-59).

b) Estafador o Tonto: Tonto, si de verdad fuera estafador, porque, cuando multiplica los panes, quieren hacerlo rey; en ese momento habría logrado lo que pretendía con su estafa: fama, riquezas, poder.

Pero Jesús huye de la multitud que lo aclama. En cambio, cuando lo van a crucificar y coronar de espinas, sale a su encuentro y se entrega.

Un estafador muy poco estafador.

jesuspredicando

c) Estafador ingenuo: Los estafadores son astutos; los estafadores piensan bien su engaño: buscan halagar a los otros: “Nos vamos a hacer ricos, vamos a dominar a los demás, vamos a derrotar a los romanos y a convertirnos en dueños del mundo”.

Pero resulta que este supuesto estafador, predica lo contrario: exige amir a los enemigos y promete persecución y cruz a sus seguidores. Si era un estafador era muy ingenuo pues de esa manera no ganaba nadie de si lado. Que sea un estafador está descartado.

2. ¿Era un Loco?

En el manicomio hay mucho paranoicos que tienen complejo de grandeza: “Yo soy Napoleón”, “Yo soy Cesar”. Sin embargo esos locos no son tanto, porque se imaginan ser grandes hombres, pero hombres al fin y al cabo. Pero uno que se crea Dios debe estar psiquiátricamente descompuesto, no es una locura norma, se trata de una ruptura psiquiátrica de gran magnitud.

Pero además, el que dice ser Dios es un judío, si fuera hindú politeísta, si fuera un griego pagano, estaría loco, pero sería una locura aceptable dado que los griegos creían que los dioses eran como los hombres. Pero el que un judío se crea Dios es algo impensable, porque, para el judío, Dios es el creador del universo, el inmortal, el tres veces santo y hete aquí que este judío dice; “yo soy el Hijo de Dios”, “el Padre y yo somos una misma cosa”, “y veréis al Hijo del Hombres sentado a la derecha del Padre”. (Lucas 22,69-70; Juan 14,9).

Esto denota un desquiciamiento psíquico total, una personalidad paranoica, un tipo megalomaníaco.

Sin embargo, nadie puede negar que las enseñanzas de Jesús estuvieran llenas de sabiduría y sensatez. Sus mismos enemigos lo reconocen: “nunca nadie había hablado como este hombre” (Juan 7,46).

De su evangelio ha salido tanta sabiduría que no la han agotado en 2.000 años ni los filósofos, ni los teólogos, ni los poetas, ni los predicadores. Sus palabras son eternas, sus palabras son fuentes de paz. “¿A quién iremos si solo tu tienen palabras de vida eterna?” (Juan 6,68).

Por otro lado, la sabiduría de Cristo es extraordinaria porque a los sabios la gente ordinaria no los entiende, sin embargo, la sabiduría de Cristo está al alcance de todos, niños y adultos, tontos y listos. ¿Quién no entiende la parábola del hijo prodigo, la parábola del buen samaritano? La sabiduría de Cristo no asusta, no impone, sino que atrae incluso a la gente inculta e ignorante, a los niños.

Jesús no era un estafador. Jesús no era un loco. Por tanto solo queda una opinión, la de la Fe: “tú eres el Cristo el Hijo de Dios Vivo” (Estudia Catequesis de la Iglesia Católica; 430-445).

El Alfa y La Omega

Jesucristo es el Alfa y la Omega “el principio y el fin” de todo. Él es el único maestro que debe instruirnos, el único señor del que dependemos, la única cabeza a la que debemos estar unidos, el único modelo al que debemos asemejarnos, el único médico que nos debe curar, el único pastor que nos debe alimentar, el único camino que debemos seguir.

La única verdad que debemos creer, la única vida que debemos vivificarnos, lo único que debemos bastar de todo. Todo fiel que no está unido a Cristo como el sarmiento a la vida, se cae, se seca y solo sirve para ser arrojado al fuego.

En cambio, “si estamos en Jesucristo y Jesucristo esta en nosotros, no debemos temer a ninguna condena. Ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno podrán hacernos mal alguno, porque nadie podrá separarnos del amor a Cristo”. Luis Ma. Grignion de Mortfort.

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