“Yo soy Jehová tu Dios,… no tendrás otros dioses extraños delante de mí. No te harás para ti, ni imagen alguna de cosa que arriba en los cielos o debajo de la tierra, o en las aguas debajo de la tierra. No te inclinaras a ella ni les servirás porque yo soy Jehová tu Dios” (Deuteronomio 5, 6-9).

La Biblia:

  • Revela al alma, la verdadera sabiduría.
  • Transporta el espíritu al cielo.
  • Vivifica en el corazón la alabanza.
  • Aparta al hombre de los deseos del mundo.
  • Deja en la mente un único pensamiento: el de la otra vida.

La lectura frecuente de la Biblia:

  • Nos hace obrar por amor a Dios.
  • Nos mueve a la ardua labor de la virtud.
  • Nos pone de manifiesto el auxilio providencial de Dios, la fortaleza de los justos, la bondad divina, la excelencia de su recompensa.
  • Nos invita a imitar a los siervos de Dios.
  • Nos da fuerzas para la batalla de la santidad.
  • Renueva nuestra fe en las promesas divinas.

La Biblia es:

  • La consoladora de los tristes.
  • Puerto seguro y tranquilo.
  • Fortaleza inexpugnable.
  • Torre inconmovible.
  • Impenetrable armadura.
  • Serenidad de espíritu.
  • Verdad indestructible.
  • Alegría perdurable”.

“Es preciso, pues, que leamos con la máxima atención la Biblia. Si lo hacemos obtendremos la verdadera ciencia. Al que con piedad y fe recorra los Santos Libros… el Señor que baja a nuestros corazones, iluminará su espíritu. Expandirá sobre su alma rayos de luz, descubriéndole cosas ocultas y enseñándole todo cuanto ignora. El quiere ser nuestro Maestro: A nadie llaméis Maestro vuestro” (S. Juan Crisóstomo “La asidua lectura de la Biblia”).

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¿OBEDECES TÚ A CRISTO?

Es útil el saber citas de memoria, pero si no pones en práctica las enseñanzas que contienen de nada te sirven.

Jesucristo dijo: “Escudriñad las Escrituras”. (Juan 5,39.) ¿Y qué significa esto sino que es necesario llegar, mediante un estudio profundo, a comprender su verdadero sentido?

Pero hoy hay muchos pastores que engañan a la gente haciéndole creer que “escudriñar” significa “Interpretar”, y esto según el parecer de cada quien. (Principio protestante juicio privado).

¿COMO DEBES LEER LA SAGRADA ESCRITURA?

La misma Biblia nos dice cómo. Recuerda el pasaje del eunuco de la Reina de Etiopia: “mientras viajaba en el coche iba ocupado en la santa lectura”. (Lee: Hechos 8, 26-39).

  1. La leía con celo y ardor:
    Considera su mérito de no dejar la lectura ni siquiera en el camino, ni siquiera en el coche con ruedas de madera, por un camino de piedras.
  2. Tenía muchas escusas para no hacerlo:
    El eunuco no era cristiano ni judío y además era rico; todo esto daba justificación para ser negligente. Sin embargo, no se excusó como nosotros: “no tengo tiempo”, “no entiendo”.
  3. Dios le ayuda:
    Antes de concederle su gracia. Dios espera que el eunuco haya hecho todo cuanto de él depende.
    Dios te ayuda a ti también pero tú tienes que hacer primero lo que corresponde: adquirir la Biblia, Leerla, Estudiarla.
  4. Le manda un apóstol:
    Con la sola biblia no pudo entender todo. Dios podría haberle enviado su espíritu. ¡Claro que sí! Pero el hecho es que no lo hizo para enseñarnos que es necesario un maestro autorizado. Dios le ayuda a penetrar las Escrituras mediante un maestro de la Iglesia: el diacono Felipe. (Lee: Lucas 10,16).

La misma Escritura nos enseña que la Iglesia primitiva no era la Iglesia de la sola Biblia sino la Iglesia de los maestros: “acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles”. (Lee: Hechos 2,42). Si hay enseñanza, tiene que haber maestros; y si hay maestros debemos aceptar su magisterio.

Por el contrario si no hay magisterio, como algunos afirman, no debería haber maestros, y nadie debería enseñar la Biblia. Para salvarnos bastaría traer “la sola Biblia” bajo el brazo y leerla.

Lo que no podemos aceptar, es que por un lado nos digan que no son necesarios los maestros ni el magisterio, y después, ellos mismos, se nos presenten como únicos maestros infalibles de la Biblia.

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¿QUÉ ENSEÑA LA IGLESIA DE LA BIBLIA?

La iglesia considera como suprema norma de su Fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre nos permite inmutablemente la palabra del mismo Dios.

Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye el sustento y el vigor de la iglesia, firmeza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual. (Lee: Documentos del Concilio: “Dei Verbum” No. 21).

La iglesia no añade nada a la escritura, sino que crese en la comprensión de la palabra. (Estudia: “Dei Verbum” No. 8). Pero tampoco saca de la Escritura todo lo revelado, porque lo revelado abarca tanto lo transmitido por carta, la Biblia, como lo de viva voz, la Tradición. (Lee: I Corintios: 11,23; y 2 Tesalonicenses 2,15).

“Los libros inspirados enseñan la verdad, sin embargo, fe cristina no es la ´religión del libro´, el cristiano es la religión de la palabra de Dios, no un verbo escrito y modo, sino del verbo encarnado y vivo”. (CIC= Catecismo de la Iglesia Católica. N.108).

El concilio recomienda insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la suprema ciencia de Jesucristo. Lee: Filipenses 3,8.

¿LA RESPUESTA CATÓLICA?

  1. Es necesario un magisterio que nos explique cómo Felipe al eunuco:
    Todos los cristianos creemos que la Biblia dice la verdad. Nadie niega eso, pero esa verdad no es clara y evidente para todos.
    La Biblia lo dice, el eunuco no era ningún ignorante, tenía la Biblia en la mano y la escudriñaba como Jesús lo había mandado. Sin embargo cuando Felipe le pregunta: “¿Comprendes lo que lees?”. El responde: “¿Cómo voy a entender si nadie me lo explica?”.
    La experiencia lo demuestra. Los fundamentalistas bíblicos afirman: la Biblia dice la verdad. Pero el caso es que ellos mismo no se pueden poner de acuerdo en cuál es la verdad. Si la conocieran no estarían divididas en 2 multitudes de Iglesias.
  2. Es necesaria la Luz de Cristo:
    Para comprender lo escrito en un libro no basta saber leer, es necesaria la luz. De la misma manera, para entender la Biblia se necesita que Cristo por medio de su espíritu nos ilumine. (Lee: CIC 108).
    Esto de ver claro en el pasaje de los discípulos de Emaús. Cuando ellos quisieron interpretar la escritura según su propio entender se fueron alejando desilusionados, pero cuando Cristo les abrió la inteligencia, regresaron con gozo a la comunidad, a la Iglesia de Cristo. (Lee: Lucas 24,33y45).
    Cristo no nos dejó la Biblia para inventar o discutir la fe, por el contrario, nos dio la fe de la Iglesia para entender la Biblia. (CIC 113-114).
  3. La Biblia no estuvo muda 2.000 años:
    Todos los cristianos creemos que Dios nos habla por medio de la Biblia. Si esto es verdad, y no estuvo muda y silenciosa durante 2.000 años, algo debió de haber dicho a los que la tuvieron en la mano antes que nosotros, y por tanto, antes de dar nuestra interpretación deberíamos consultar lo que la Biblia dijo a los que la estudiaron antes que nosotros.
    La Biblia no se escribió la semana pasada, y citarla como si fueras el primero que la entiende es arrogancia. Más aún, si lo que te dice la Biblia hoy a ti. Contradice o niega lo que la Biblia dijo ayer, una de dos, o la Biblia dice mentiras o tu estas equivocado.
    Precisamente por eso los que predican opiniones que cambian, y no verdades que permanecen, rechazan el Magisterio que esta para conservar, exponer y custodiar esas verdades, válidas para todos los hombres de todos los tiempos. (Lee: CIC 86).

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Pero entonces, ¿Cómo es que hay muchas enseñanzas católicas que no están en la Biblia?

La primera razón es que no basta saber leer para entender. ¿Cómo quieres entender en una semana lo que a la Iglesia le consto 2.000 años de meditación y estudios? (Dei verbum n. 8).

La segunda razón es que nosotros aceptamos todo lo que la Tradición Apostólica nos ha trasmitido, no solo por escrito sino también de palabra. (Lee: 1 Tesalonicenses 2,5. Estudia: CIC 80ss).

Lutero tenía razón al subrayar que la Escritura habla en un lenguaje que cada hombre puede entender hasta los niños y los iletrados entienden el sermón de la Montaña, el mandamiento del amor al prójimo, la parábola del hijo prodigo.

La Biblia para aplicarla a mi vida y para hablar con Dios está al alcance de todos. (Lee: CIC 104). Pero “el oficio de interpretar ha sido encomendado únicamente al magisterio”. (CIC 85ss).

Poca Biblia aleja de la Iglesia, mucha Biblia acerca a ella.

Scott Hann era un pastor presbiteriano, profesor de Sagradas Escrituras. Su amor a la biblia era tan grande como su antipatía por la Iglesia Católica.

Un día uno de su estudiante le pregunto: “¿Dónde enseña la Biblia el principio protestante de la sola Biblia?”. Scott dio las conocidas citas de 2 Timoteo 3, 15 y 1 Tesalonicenses 2, 13. A la primera cita el estudiante replico que lo que ahí dice es que la Biblia tiene autoridad, pero no es la única autoridad; y a la segunda que S. Pablo se refiere a lo que él ha predicado y no a lo escrito.

Aunque el maestro no acepto en ese momento la réplica del alumno, si amor a la verdad lo hizo reflexionar y estudiar más a fondo la Escritura. Tiempo después se convirtió a la Fe Católica.