El pueblo de El Real, a orillas del caudaloso rio Santo Domingo, a 35 kilómetros de Barinas y a 20 kilometros de Obispo, hállase situado el caserío de El Real, cuya escasa población llanera, que cuenta apenas con doscientos vecinos, dedícase a las apacibles labores de la ganadería, agricultura y de la pesca.

El origen de este pueblo asciende al año de 1.680, poco más o menos, cuando un Señor Don Domingo Bragado, vecino de la ciudad de Barinas, adquirió las tierras de aquella región y fundó en ellas un hato, al que puso el nombre de Santo Domingo de las Palmas.

Acostumbraban los indios que servían en el hato de Santo Domingo de las Palmas pagar de sus pobres ahorros un escote para la celebración de la misa en honor de Santo Domingo.

Una india piadosa y de avanzada edad, llamada Ana, distinguíase entre todos los de su raza por su devoción al Santo, y era ella la que corría con el cuidado de recibir las limosnas, y la que mandaban a celebrar las misas a Santo Domingo el día de su fiesta o cuando llegaba al hato algún sacerdote.

Un indio que aun vivía en 1.718, y que en aquel entonces designaban con el nombre de “El viejo Francisco” llevo cierto día a la india Ana, para contribuir a la celebración de una misa en honor de Santo Domingo, dos reales sencillos uno de los cuales era bamba (se llamaba así por llevar la efigie del Rey Visigodo Wamba)

Ana aceptó gustosa la ofrenda y puso ambas monedas en una petaquilla, que colgaba de un estantillo seco de curarito ya muy viejo clavado en el suelo del rincón de su rustica vivienda.

Aconteció que al tiempo de mandar celebrar la misa y de ir a buscar las monedas, para completar los honorarios del celebrante, no las halló. Atribuyendo la desaparición de las monedas a su marido o a su hijo Juan Gonzalo, los riño amargamente. Algún tiempo después, teniendo Ana que abrir  la petaquilla, con gran contento de su alma, vio en ella las dos monedas; pero el real bamba con más cerco que los ordinarios. Cogiólo en sus  manos y al examinarlo detenidamente, en vez del grabado común, distinguió claramente el relieve de algunas rayas, que le pareció ser la silueta de un San Antonio.

Reliquia Virgen del Real

Reliquia Virgen del Real

Sorprendida Ana por lo que veía llamó a su marido y a su hijo, quienes vieron también el maravilloso real.

A poco, todos los indios del hato de Santo Domingo de las Palmas acudían a ver la extraordinaria moneda y todos no hablaban de otra cosa, sino de la maravilla del real de la viejecita Ana.

La silueta que aparecía en el real fue demarcándose progresivamente y al cabo de pocos días dibujábase perfectamente la imagen de la Madre de Dios, con el niño en los brazos, a la que los Padres Dominicos, a quienes corría el cargo de las misiones de la provincia de Barinas, designaron con el nombre de Nuestra Señora del Rosario, por semejarse a dicha Señora, pero que al voz publica apellidó entonces y siempre ha llamado con la sencilla designación de la “Virgen del Real”.

Ocurrió esta prodigiosa manifestación por los años de 1.680 a 1.690, según se deduce de la relación del Padre Felipe Tovar, escrita de 1.706 a 1.710 y en la cual se asegura que la aparición de la imagen de Nuestra Señora en “El Real” no tenía aún treinta años de haber sucedido.

Primer milagro de la Virgen de “El Real”

Vivía en casa de Ana un hombre asmático y enfermo del pecho. Era tal su estado de salud que estaba desahuciado y a punto de morir. La piadosa Ana aplicóle el real en el pecho, invocando a la Santísima Virgen y el enfermo quedo repentinamente sano.

Este prodigio fue el primero de una cadena no interrumpida de hechos extraordinarios que la Santísima Virgen María se ha dignado obrar por la mediación de su humilde efigie en un real.

Desde el día de este portento, en el hato de Santo Domingo, todos a una voz honraron a María en su nueva advocación de El Real. La fama de la nueva imagencita traspasó pronto los linderos de la provincia de Barinas y extendióse hasta la capital del nuevo Reino de Granada de cuya jurisdicción eran entonces los Llanos de Barinas.

Pronto acudieron peregrinos de varios lugares a experimentar el poder de la Madre de Dios en su advocación de El Real.

Sucedió el prodigio del estantillo del cual pendía la petaquita, de donde sacó el real, prodigio que aconteció a raíz de la manifestación de la imagen de la virgen en la moneda, y que fue notorio y público a millares de personas.

El estantillo que era del tronco de un pequeño árbol de curarito, como es bien sabido, nunca reproduce por estacas; hallábase completamente seco y sin corteza, pues ya tenía algún tiempo de haber sido cortado. Sin embargo, cosa naturalmente inexplicable y muy contraria a las leyes naturales, reverdeció y principió a cargarse de botones, hojas y ramas. Este hecho singular atrajo la admiración de todos y acrecentó el amor y el culto a la Virgen Santísima “El Real”.

Antigua Iglesia el Real

Antigua Iglesia el Real

El curarito creció y llegó a ser un árbol frondoso y coposo que causaba regalo el contemplarlo; pero lo más raro fue el haberse desarrollado en forma de cruz y con la particularidad de que la punta, de la cual pendía la petaquita, formaba como un solio cobijado  por majestuosa enramada.

Cuentan las crónicas, que los lindos y pequeños pajaritos, de un bellísimo matiz colorado, moraban en sus ramas, impidiendo a otros reposar en ellas. Su canto halagaba al oído siempre que tañían las campanas de la iglesia o que anunciaba con el toque de la campanilla, con sus gloriosos y armoniosos trinos los pajaritos parecían unirse a los fieles en el culto que tributaban a la augusta Madre de Dios.

Este árbol estuvo durante larguísimos años a la entrada de la iglesia que se construyó en obsequio de la Virgen de El Real.

La Virgen Santísima, con las hojas de este árbol, como hoy con el agua de Lourdes, obró portentos sin números a favor de la adolorida prole de Adán.

Los fieles con fe y confianza en el poder de la Madre de Dios usaban de estas hojas como de un remedio muy saludable, empleándolas ya en infusiones, ya aplicando sobre la parte enferma del cuerpo. Innumerables fueron las curaciones que con esta medicina se consiguieron en El Real.

El Padre Fray Ignacio de Landazábal, en su crónica escrita en 1.718 refiere como testigo ocular el caso del Padre Fray Ignacio de Ordóñez, el cual, teniendo las piernas completamente llagadas, obtuvo su completa curación con el uso de  estas hojas.

Construcción de la Iglesia

Los indios del hato de Santo Domingo, deseosos de testificar a la Virgen de “El Real” su amor y su fe, resolvieron edificarle una Iglesia. A este fin repartieron entre ellos el trabajo de su construcción. Ocurrió entonces un hecho extraordinario, que evidenció el singular agrado con que María Santísima recibía la ofrenda para este templo.

Reliquia Virgen del Real

Reliquia Virgen del Real

Las maderas para la construcción, que corrían a cargo de Juan Gonzalo, hijo de Ana, al momento de utilizarlas, hallaronse tan fallas, que a todas les faltaba alrededor de tres cuartas, para igualarse a las de los demás que tenían el largo requerido. Juan Gonzalo afligido por este percance, suplicó a la Virgen de “El Real”, le auxiliara en el contratiempo en que se veía. Oyó María la plegaria del indio y al siguiente día, cosa extraña y sorprendente, las maderas del indio hallaronse con un largo superior a todas las demás, siendo necesario recortarles un buen trozo.

Culto a la Virgen del Real

Los anteriores portentos y otros más, dieron gran fama y celebridad a la imagencita de la Virgen de “El Real”, cuya iglesia estaba atendida por los Reverendos Padres Dominicos, que siempre han consagrados sus nobles esfuerzos y apostólicas labores al acrecentamiento del culto a la augusta Madre de Dios, en medio de los pueblos y feligresías confiados a su abnegada solicitud.

Llegó en poco tiempo a tal punto la nombradía de la Virgen de “El Real”, que el 12 de Julio de 1.710 el ilustrísimo Señor Arzobispo de Bogotá, Fray Francisco del Rincón, en su informe a la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, la mencionaba en los siguientes términos:

“Por lo que no cumplirán (los Padres Dominicos de Nueva Granada) tan perfectamente un alto ministerio como el que actualmente ejercen en la Provincia de Barinas, donde recientemente ha sucedido un raro y prodigioso milagro, el de la aparición de la Virgen llamada “El Real” sobre lo cual sería necesario hablar largamente”

De toda la provincia de Barinas, del Apure y hasta del Casanare, acudían peregrinos al pueblo que ya la voz pública denominaba “El Real”, olvidándose de su primitiva designación de Santo Domingo de las Palmas.

En los días de esplendor de la ciudad de Barinas antes de la guerra de la Independencia, época en que la ciudad de Juan Varela, contaba con unos 15.000 habitantes, celebránse festividades solemnes en honor de la Virgen de “El Real”, cuyo culto gozaba de un prestigio extraordinario.

Pocos eran los pobladores de la provincia de Barinas que en una otra circunstancia no pagasen algún tributo de amor a su Santa Patrona y pocos también los que no hubiesen hecho, siquiera una vez en la vida, la peregrinación a la amada Virgencita.

Santuario Diocesano Nuestra Señora de El Real

Santuario Diocesano Nuestra Señora de El Real

Muchos de nuestros bizarros llaneros de Barinas, que blandieron sus invictas lanzas en las lides emancipadoras de la Independencia, fueron devotos de la Virgen de “El Real” entre ellos el General José Antonio Páez, quien más de una vez inclinó su frente ante la humilde efigie de la Virgen Santísima para erguirla  más tarde al fragor del clarín y de la metralla, frente al enemigo, radiante de gloria y coronada por los lauros del triunfo.

La Virgen de “El Real”, la dulce Reina que cautivó los corazones de los antiguos Barineses, hoy como ayer escucha el clamor de sus hijos.

 Origen de la preciosa imagen de Nuestra Señora del Real

En esta  pequeña población de nuestros Llanos, venérase de antiguo una pequeñita imagen de la Virgen Santísima, grabada de relieve sobre una antigua moneda de un real, y cuya suscinta historia, escrita después de muchos años de búsqueda, ve hoy por vez primera la luz pública. (1.777 de la jurisdicción de Bogotá)

Reliquia y Custodia de la Virgen del Real

Reliquia y Custodia de la Virgen del Real

Para convencerse de esta verdad, basta decir que en la fiesta anual de la Virgen, la que se celebra el 02 de Febrero el pueblo de El Real,  que solamente consta de unos doscientos vecinos (en aquel entonces) ve congregarse en torno de su humilde Santuario Diocesano a centenares de peregrinos que acuden de Barinas, Apure y hasta de las apartadas regiones de los llanos del Meta y Casanare.


(Tomado del folleto Novena en Honor de Nuestra Señora del Rosario del Real, Barinas 08 de Diciembre de 1.948 Padre Juan P. Parra S.)