“EXHORTACIÓN APOSTÓLICA

MARIALIS CULTUS

PABLO VI

PARA LA RECTA ORDENACIÓN Y DESARROLLO

DEL CULTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN”

El papa pablo VI con motivo de dar un aporte al culto a la devoción de la santísima virgen maría, ha introducido en su exhortación apostólica Marialis Cultus una serie de pasos que dan fiel cumplimiento al culto y devoción a la Santísima Virgen María. Con un primer documento conciliar denominado Sacrosanctum Concilium los padres conciliares trataron de incrementar la Liturgia y hacer más provechosa la participación de los fieles en los sagrados misterios. Posterior ello, con la exhortación apostólica su santidad Pablo VI, trata de hacer una relación entre la sagrada Liturgia y el culto a la Virgen Madre de Dios.

La Liturgia en líneas generales es la expresión de lo que los fieles celebran. Esta es vista como una obra de pueblos, como una celebración pública mediante la cual la Iglesia actúa pero no se queda solamente con la mera actuación, sino que también, expresa, vive de la Liturgia y saca de la Liturgia las fuerzas para la vida. Se puede decir que la Liturgia es “La cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (Cfr. Sc. 10). Los fieles que celebran y viven la liturgia de un modo pleno y de una forma totalmente entregada pueden emanar de ellos un amor incondicional, un amor maternal como el de María que es capaz de acoger a todos como hijos. La Iglesia por su parte viene a presentar determinados momentos a través de los cuales la celebración litúrgica de la madre de Dios se expresa con mayor fuerza. El tiempo de adviento expresa el tiempo de la venida, el amor incondicional con el que el cristiano espera al redentor. El tiempo de navidad constituye una prolongación memorial de la maternidad divina cuya virginidad intacta dio al mundo al salvador. María es capaz de entregar su hijo al mundo con todo su amor por la salvación de todos permitiéndonos a través de él purificar nuestros pecados.

La virgen modelo de la Iglesia en el culto.

En este caso aparece un sello de forma principal meramente importantísimo en María, y no es otro que la sencillez que le caracteriza, es por esto que la Iglesia la ha tomado como modelo. A través de su entrega a la escucha María es fiel, y oyente de la palabra de Dios. “la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo” (S. Agustín).

María es de este modo la Virgen orante, como lo expresa el magníficat. La oración por excelencia de María (Lc. 1, 46-55). Es también la virgen madre, aquella que por su fe engendró al hijo único de Dios, el padre se manifiesta en el hijo con el fin de hacernos hijos en su hijo, y en su madre María, esto es; que siendo María la madre del salvador fue capaz de acogernos a todos como hijos suyos a través de la entrega incondicional de su hijo, él entrega a su madre como madre nuestra. (Jn. 19, 26- 27).

María, es también la virgen oferente, la mujer que ofrece al hijo (Lc. 2, 22- 35). Podríamos decir que María también es la madre sufriente ¿pues qué madre al ver a su hijo clavado en una cruz no siente dolor?.

Esto ya estaba predestinado por boca de Simeón quien al tomar en sus brazos al niño Dios exclamó “ahora, señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel” (Lc. 2, 29- 32). y más adelante continuará diciendo el profeta “éste (Jesús) está destinado para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción ¡a ti misma una espada te atravesará el alma¡ al fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones” (Lc. 2, 34- 35). Esta unión de la madre con el hijo es la obra de la redención que alcanza su culminación en el calvario donde el Cristo sufriente se ofreció inmaculado a Dios (Heb. 9, 14). Y donde María permaneció al pie de la cruz (Jn. 19, 5). Siendo así a María no le importó el tiempo que estuvo allí al pie de la cruz, no le importaron los rechazos de los demás, le importaba su hijo, el verlo clavo en cruz con sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra se hicieron realidad las palabras del profeta Simeón “y a ti una espada te traspasará el alma”. Cuando hablamos de la revelación mariana no estamos haciendo referencia al buscar una nueva María, ni mucho menos un nuevo modelo, en realidad se trata de buscar muchas Marías que sean capaces de acoger la palabra y hacerla vida en sus corazones, transmitiéndola a quienes aun no la conocen, a quienes no tienen conocimiento de ella.

La Iglesia por su presenta como armas fundamentales dos ejercicios de piedad como lo son: el Ángelus y el santo Rosario. Por medio de ellos se puede aumentar la devoción a la madre santísima. Con el Ángelus expresamos la encarnación del hijo de Dios, y el anuncio del Ángel Gabriel a la virgen fiel, haciéndose así esclava del Señor (Lc. 1,38.) con el rezo del Rosario nos sumergimos en la historia y los hechos que vivió el hijo de Dios. Por ende podemos decir que la devoción a la madre santísima debe ser el elemento principal de todo bautizado, a través del cual pueda expresar con plena libertad la alabanza continua, a la mujer que fue capaz de ennoblecer la naturaleza humana y transformar a través de su hijo los corazones destruidos por el pecado. Cristo es el camino (Cfr. Jn. 14, 4- 11). Él es el modelo a seguir mediante el ejemplo de su madre María Santísima.

La exhortación apostólica Marialis Cultus finaliza animando a todos los fieles para que a través de su entrega generosa a la devoción de la madre del salvador puedan contribuir con un incremento saludable en la devoción mariana tanto en el clero como en el pueblo. Siendo participes del valor pastoral de la devoción a la Virgen para conducir a los hombres a Cristo con las mismas palabras que ella dirigió a los ciervos de las bodas de Caná “haced lo que él os diga” (Jn. 2, 5).

El compromiso es tuyo! ¡María es el modelo a seguir!

¿Estás dispuesto a seguir sus pasos?

Sem:

Antonio Jesús Ramírez.

María Madre de la Divina Misericordia

María Madre de la Divina Misericordia

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