Trasladémonos por un momento a la Ciudad de Barinas en Venezuela, el día sábado Santo 31 de marzo de 1991, cuando un joven se encontraba en su parroquia en compañía de un amigo a quien invitó a su hogar a pasar la noche en vigilia junto a su mamá, así lo hicieron. Al poco rato la mamá se retiró a su alcoba. Cuando de pronto el joven percibió que algo extraño le estaba pasando, fue arrebatado con tanta fuerza que pensó que se estaba muriendo. Cuando pudo abrir sus ojos nuevamente no supo cómo pero se dio cuenta que lo que estaba viendo era La Triunfante Resurrección de nuestro Señor Jesucristo de manera detallada. De la misma forma como fue llevado a ese lugar sintió que fue devuelto a su casa, notó que su amigo lo estaba sacudiendo, pues estaba asustado debido al tiempo prolongado que el joven había permanecido estático, fue entonces cuando sintió que en vez de muerto, se sentía más vivo que nunca.

Muchas otras manifestaciones se fueron presentando mientras continuaba la vigilia. Por lo que para aquellos jóvenes fue una noche inolvidable.

Diferentes manifestaciones se fueron presentando, el joven se asustaba pero a la vez lo envolvía la paz y la tranquilidad. Lo instaban a escribir: Una voz interior le dictaba, otras veces veía a la persona que le dictaba. Los escritos casi todos se referían a la Adoración del Santísimo Sacramento y su lectura le hacía pensar que venia de Dios y que él no estaba loco. Por su mente pasaban muchas preguntas ¿Sería algo psicológico? ¿A quien contárselo?

La primera vez que la elegante y fina dama le habló le dijo: “Hijo te necesito para una misión específica. Quiero guiarte y enseñarte personalmente”, a lo que el joven no respondió.

La Santísima Virgen seguía visitándolo y el la esquivaba, visita tras visita la seguía evadiendo y no le daba respuesta. La Santísima Virgen se ausentaba por cortos períodos, entonces comenzó a extrañarla, hasta que por fin volvió y durante una de sus visitas le dijo: “No temas yo soy tu Madre del Cielo”.

El joven confundido no entendía ni quería aceptar lo que le estaba sucediendo, Pero La Santísima Virgen quien venía a calmarlo le decía “Si, hijito ora, ora siempre” y se desaparecía.

Entonces, se dirigió al encuentro con el sacerdote de su parroquia a quien decidió contárselo todo, este lo atendió tranquilo, sereno con sabiduría. Luego, le fue respondiendo punto por punto, necesidad por necesidad. Lo instruyó, lo calmó le dió pautas a seguir, lo instó a que escribiera todo y le trajera lo escrito. De allí salió tranquilo pues por fin tenía alguien con quien contar.

La historia se seguía hilando con hilos de oro pero a pesar de que todo era bello, se negaba hasta el deseo de mirar a La Santísima Virgen, por temor a que lo convenciera de aceptar aquel compromiso, ya que el sabía que al cruzar la mirada quedaba embelesado, entonces para no tener que mirarla huía dejándola sola.

Un día que la dulce Dama apareció nuevamente, no la dejó ni hablar, le presentó su decisión: “No te sirvo, búscate otro mejor preparado que yo, dijo el joven, entre otras cosas”. Ella le escuchó en silencio, se le humedecieron los ojos y arropada por el mismo silencio se marchó.

“Ya lo hice, ya lo hice” gritó el joven, lo que nunca imaginó fue que el sentimiento de culpa fue tal que la tristeza le caló hasta los huesos, se miró así mismo y se vió cruel y mal educado. La desolación lo invadió, había hecho llorar a la Santísima Virgen, entonces hizo lo que siempre hacía, oró arrepentido y fue tal la sinceridad con la que lo hizo que obtuvo una respuesta inmediata La Santísima Virgen regresó y con lágrimas en los ojos le dijo: “Hijito has sido elegido para trabajar en esta misión tan especial de continuidad, no me rehuséis más”, a lo que el joven no respondió.

Entonces fue a confesarse, el sacerdote le recomendó prudencia, ya que si estas apariciones eran de Dios no se detendrían, debido a que a Dios nadie le quita la gloria. Recobró la serenidad y se alivió porque las apariciones no fueron tan frecuentes, luego no hubo ninguna por espacio de seis meses, por lo que pensó que La Santísima Virgen se había convencido de que el no servía para esta obra, pero el 23 de febrero de 1993 a las 9:00 p.m., cuando contemplaba los misterios de dolor del Santo Rosario escuchó la voz de la dulce señora:
“Hijito ora con el corazón, No temas yo soy tu Madre del Cielo, he bajado acá en una misión. Hijito oremos por la conversión del mundo” y le dictó la siguiente oración:

“Padre de Amor y de Misericordia te pedimos en estos momentos por aquellos tus hijos, que se encuentran en el pecado, como un barco sin timón a la deriva. Te pedimos por tu Amor de Padre bueno, que los hagas llegar a tierra firme y al anclar sea en la roca de nuestro amado hermano Jesús.
Te rogamos que nos perdones por habernos dejado seducir por el pecado, en este bello mundo creado por ti y que no lo valoramos como tú quieres. Envíanos al Espíritu Santo para que nos acompañe y nos haga ver el pecado que tú aborreces. Te alabamos y te Bendecimos por habernos creado para ti. Amén”.

Hoy en pleno siglo XXI, cuando el hombre se encuentra atrapado por la cultura de la muerte y anda a la deriva, María Madre de la Divina Misericordia, glorificada y coronada ha descendido de su Celestial Morada sosteniendo a su hijo infante sobre su brazo izquierdo y entregándonos su Inmaculado Corazón con su mano derecha a todos sus hijos sin excepción alguna, para que entremos en El.

Ella como dulce Madre nos guía en esta vida, que es la única oportunidad que tenemos para cambiar: arrepentirnos, aceptar a Jesucristo, cumplir sus mandatos y seguir el ejemplo de Amor que nos marcó, para así conducirnos de la mano cual niños a la casa del Padre Celestial.

Mas tarde el 17 de julio de 1993, se formó la Asociación por ella pedida llamada ALCEMTRAR, cuyas siglas significan Asociación civiL Congregación Escuadrón de la Misericordia TRinitaria Almas Reparadoras. La cual es sin fines de lucro y apolítica, cuya finalidad es dar mayor gloria a Dios, la santificación y formación de sus socios, la extensión del reino de Cristo, conjuntamente con la propagación de la devoción a Jesús y María de la Divina Misericordia.

"María Madre de la Divina Misericordia"

Santísima Virgen en la Advocación de “María Madre de la Divina Misericordia”